El muro arancelario
La estrategia de Trump, que volvió a utilizar los aranceles como herramienta electoral, no logró contener del todo el flujo comercial. Expertos como Zhaopeng Xing, estratega de ANZ Bank, apuntan que existen “vacíos legales” que facilitan operaciones indirectas a través de terceros países, como México o Vietnam. Así, algunos productos ingresan a Estados Unidos con una declaración aduanera reducida, lo que abarata costos y diluye el efecto real de los aranceles.
“Hay muchos vacíos legales. La aduana estadounidense simplemente no tiene suficiente personal para abordarlos”, advirtió Xing. El esquema se replica en las importaciones de partes electrónicas y cables de cobre refinado, cuyas exportaciones chinas hacia Estados Unidos se dispararon a US$270 millones en apenas tres meses, mientras que los envíos de cables eléctricos crecieron 87%.
El comercio bilateral muestra además un fenómeno curioso. Las ventas de bicicletas eléctricas y los envíos desde plataformas de e-commerce como Shein y Temu se mantienen en niveles récord, a pesar de los gravámenes. Según Bloomberg Línea, Estados Unidos importó US$1.200 millones en bicicletas eléctricas chinas en lo que va del año, casi sin cambios frente a 2024.
Incluso tras el cierre del régimen “de mínimis”, que permitía la entrada libre de impuestos para pequeños paquetes, los consumidores estadounidenses siguen gastando miles de millones de dólares en mercancías chinas. El flujo se mantiene gracias a la triangulación: las plataformas envían primero al por mayor y luego fraccionan los envíos en territorio norteamericano.
El pulso político
El resurgimiento de la guerra comercial tiene también una lectura política. Trump, que busca consolidar su base industrial en los estados del “Rust Belt”, insiste en elevar los aranceles y repatriar industrias críticas. Sin embargo, los datos relevados por Bloomberg Línea contradicen el discurso: los envíos chinos hacia Estados Unidos todavía superan los niveles de 2017, antes del primer enfrentamiento comercial entre ambas potencias.
El presidente chino Xi Jinping capitaliza esa dependencia como margen de maniobra. En el tercer trimestre, más de US$100.000 millones en bienes chinos ingresaron a territorio estadounidense, permitiendo a Pekín mantener un superávit bilateral de US$67.000 millones y sostener su ritmo de crecimiento anual.
Tecnología, tierras raras y rol geopolítico
Entre los temas más sensibles se destacan las tierras raras, el fentanilo y la soja, que dominarán la agenda de las próximas negociaciones. EE.UU. depende de China para el suministro de minerales esenciales utilizados en la producción de chips, baterías y equipamiento militar. Según Bloomberg Línea, el dominio chino en esos rubros dificulta cualquier intento de ruptura abrupta, pese a los esfuerzos de Washington por tejer alianzas con otros países asiáticos.
Mientras tanto, las exportaciones de productos electrónicos chinos siguen firmes, con casi US$8.000 millones en teléfonos, computadoras y tablets enviados entre julio y septiembre. Aunque el monto es menor que el de 2024, el volumen confirma la fortaleza estructural de las cadenas globales que giran en torno a China.
El Fondo Monetario Internacional advirtió que la desvinculación comercial entre Estados Unidos y China es hoy más profunda que durante la primera guerra arancelaria de 2018-2019, aunque aclaró que el proceso es parcial y desordenado. Las rutas comerciales se desvían, pero no desaparecen.
Empresas estadounidenses como Microsoft y Nintendo ya trasladaron parte de su producción a Vietnam, aunque con costos más altos. “Ambas partes pueden reducir su dependencia mutua, pero no eliminarla”, resumió Xing, de ANZ Bank.
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