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Estados Unidos no puede vivir sin China

Aunque las exportaciones chinas hacia Estados Unidos cayeron 17% en lo que va del año, la magnitud del intercambio sigue siendo imponente.

Pese a los aranceles del 55% y la guerra comercial que Donald Trump reactivó hace seis meses, China conserva su rol como proveedor indispensable del aparato productivo estadounidense. Los datos recabados por Bloomberg Línea muestran que, aunque las exportaciones chinas hacia Estados Unidos cayeron 17% en lo que va del año, la magnitud del intercambio sigue siendo imponente: alrededor de US$1.000 millones diarios cruzan el Pacífico rumbo a los puertos norteamericanos.

Las cifras evidencian una verdad incómoda para Washington. Ni las tarifas proteccionistas ni las sanciones lograron reducir la dependencia estructural de Estados Unidos de la manufactura china. Aun con la caída de doble dígito en el comercio bilateral, ciertos segmentos —como los de tecnología, química y energía— continúan siendo críticos para el funcionamiento de la economía norteamericana.

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Aranceles altos (pero dependencia intacta)

El intento de la Casa Blanca de “repatriar” la producción enfrenta límites concretos. Según el relevamiento de Bloomberg Línea, la mitad del flujo comercial con China sigue compuesto por bienes esenciales e insustituibles, desde componentes electrónicos hasta minerales estratégicos. Washington aplica tarifas elevadas, pero no tiene aún capacidad industrial para reemplazar el suministro asiático.

En septiembre, el intercambio bilateral creció levemente respecto a agosto, mostrando una resistencia que sorprende a los analistas. Las firmas chinas enviaron bienes por valor de US$317.000 millones hasta septiembre, y aunque la cifra está por debajo de los niveles de 2022, supera las proyecciones oficiales del propio Departamento de Comercio estadounidense.

“La fuerte posición de China en las cadenas globales de suministro le da un poder de negociación que EE.UU. no puede replicar en el corto plazo”, señalaron los economistas Chang Shu y David Qu de Bloomberg Economics. “Otros países no pueden sustituir rápidamente a China como proveedor dominante. Reorientar la producción tomará tiempo.”

El muro arancelario

La estrategia de Trump, que volvió a utilizar los aranceles como herramienta electoral, no logró contener del todo el flujo comercial. Expertos como Zhaopeng Xing, estratega de ANZ Bank, apuntan que existen “vacíos legales” que facilitan operaciones indirectas a través de terceros países, como México o Vietnam. Así, algunos productos ingresan a Estados Unidos con una declaración aduanera reducida, lo que abarata costos y diluye el efecto real de los aranceles.

“Hay muchos vacíos legales. La aduana estadounidense simplemente no tiene suficiente personal para abordarlos”, advirtió Xing. El esquema se replica en las importaciones de partes electrónicas y cables de cobre refinado, cuyas exportaciones chinas hacia Estados Unidos se dispararon a US$270 millones en apenas tres meses, mientras que los envíos de cables eléctricos crecieron 87%.

El comercio bilateral muestra además un fenómeno curioso. Las ventas de bicicletas eléctricas y los envíos desde plataformas de e-commerce como Shein y Temu se mantienen en niveles récord, a pesar de los gravámenes. Según Bloomberg Línea, Estados Unidos importó US$1.200 millones en bicicletas eléctricas chinas en lo que va del año, casi sin cambios frente a 2024.

Incluso tras el cierre del régimen “de mínimis”, que permitía la entrada libre de impuestos para pequeños paquetes, los consumidores estadounidenses siguen gastando miles de millones de dólares en mercancías chinas. El flujo se mantiene gracias a la triangulación: las plataformas envían primero al por mayor y luego fraccionan los envíos en territorio norteamericano.

El pulso político

El resurgimiento de la guerra comercial tiene también una lectura política. Trump, que busca consolidar su base industrial en los estados del “Rust Belt”, insiste en elevar los aranceles y repatriar industrias críticas. Sin embargo, los datos relevados por Bloomberg Línea contradicen el discurso: los envíos chinos hacia Estados Unidos todavía superan los niveles de 2017, antes del primer enfrentamiento comercial entre ambas potencias.

El presidente chino Xi Jinping capitaliza esa dependencia como margen de maniobra. En el tercer trimestre, más de US$100.000 millones en bienes chinos ingresaron a territorio estadounidense, permitiendo a Pekín mantener un superávit bilateral de US$67.000 millones y sostener su ritmo de crecimiento anual.

Tecnología, tierras raras y rol geopolítico

Entre los temas más sensibles se destacan las tierras raras, el fentanilo y la soja, que dominarán la agenda de las próximas negociaciones. EE.UU. depende de China para el suministro de minerales esenciales utilizados en la producción de chips, baterías y equipamiento militar. Según Bloomberg Línea, el dominio chino en esos rubros dificulta cualquier intento de ruptura abrupta, pese a los esfuerzos de Washington por tejer alianzas con otros países asiáticos.

Mientras tanto, las exportaciones de productos electrónicos chinos siguen firmes, con casi US$8.000 millones en teléfonos, computadoras y tablets enviados entre julio y septiembre. Aunque el monto es menor que el de 2024, el volumen confirma la fortaleza estructural de las cadenas globales que giran en torno a China.

El Fondo Monetario Internacional advirtió que la desvinculación comercial entre Estados Unidos y China es hoy más profunda que durante la primera guerra arancelaria de 2018-2019, aunque aclaró que el proceso es parcial y desordenado. Las rutas comerciales se desvían, pero no desaparecen.

Empresas estadounidenses como Microsoft y Nintendo ya trasladaron parte de su producción a Vietnam, aunque con costos más altos. “Ambas partes pueden reducir su dependencia mutua, pero no eliminarla”, resumió Xing, de ANZ Bank.

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