El economista Javier Milei plantea lo contrario: "Tenés una explosión de oferta monetaria tremenda y nadie quiere pesos, son un asco. Y encima tenés una caída brutal en la actividad económica, en mi manual eso significa hiperinflación. Lo que la puede desatar es un conflicto político grave”.
Martín Tetaz, recomendaba a fines de abril: “ la mejor manera de despejar las expectativas de devaluación es convalidándolas, lo cual es doblemente razonable cuando esas creencias están basadas en distorsiones fundamentales, como el atraso del TCR con nuestro principal socio. Con un dólar oficial que refleje lo que pasa en la región y la mayor abundancia de pesos en la economía, se reduce la brecha y cede la presión del dólar paralelo, bajando los incentivos a una nueva corrida de pesos, que nos ponga mas cerca de una hiperinflación”.
En junio pasado la Fundación Mediterránea acusó que los precios se estaban comportando de manera muy diferente según su pertenencia a tres categorías, con respecto a la emisión, y citaba:
-En los sectores cuya actividad se vio muy golpeada por la cuarentena –los locales comerciales, por ejemplo- la inflación promedio fue de 1%.
-En los rubros donde el Estado intervino de manera directa, como las tarifas de servicios públicos más las nuevas actividades que se agregaron a la política de congelamiento –las telecomunicaciones, sobre todo-, la inflación dio prácticamente cero por efecto de la regulación.
-Y en las actividades cuya actividad se desarrolló con relativa normalidad se puede notar que los aumentos fueron mucho mayores, prácticamente a tono con la evolución del tipo de cambio.
Pero advirtió que los niveles relativamente bajos de la inflación de estos meses no deben ser interpretados como una buena noticia, porque responden a una situación que no puede durar mucho tiempo.
En la vereda heterodoxa, el economista del kirchnerismo Emmanuel Álvarez Agis, escribió un artículo en junio pasado donde recordó que en el gobierno de Mauricio Macri pese a haberse aferrado a la meta de "expansión cero", no logró domar los precios sino más bien al contrario.
Según Álvarez Agis, quienes profetizaban una hiperinflación caían en el error de creer que la velocidad de circulación del dinero se mantendría invariable, con lo cual asumían que una duplicación de la cantidad del dinero se debería reflejar en una suba de precios. Pero, argumenta, como la velocidad de circulación del dinero cayó –hay mayor demanda por parte del público-, entonces una mayor cantidad de billetes en la economía no necesariamente hace subir los precios.
Y explica que la recesión y la situación de la cuarentena es lo que explica esa mayor propensión del público a mantener los pesos en sus bolsillos.
"La emisión monetaria actual no llevará a un desborde inflacionario producto de una presión sobre una economía que está en pleno empleo. Esto es muy importante porque en el marco de la Covid-19 la mala teoría económica puede costar vidas humanas y quiebras de empresas. Sin embargo, no todo es color de rosa", concluyó.
Pablo Goldín, de la consultora Macroview, advirtió que cuando el levantamiento de la cuarentena permita normalizar la economía, recién ahí se verá el efecto de los desbalances fiscal y monetario acumulados: " Ahí la inflación tomará otra dinámica, habrá un salto".
El diario Ámbito Financiero afrontó esta grieta sobre la hiperinflación en un artículo donde señala “seis errores del monetarismo” y “por qué emitir no alimentará la inflación”.
El autor Julián Zícari (Economista. Doctor en Ciencias Sociales (UBA/UNDAV/Conicet) advierte que no se trata de una regla mecánica porque “si existe la certeza de que al subir la emisión sube la inflación, tendría que pasar lo inverso cuando la emisión pasa a ser negativa, obteniendo también entonces inflación negativa. Sin embargo, como sabemos, no ocurre ello: los precios tienen más facilidad para subir pero muchas rigideces para bajar”.
Luego, plantea que la inflación argentina no es sólo monetaria sino multicausal: “En la Argentina sabemos que el principal determinante de la inflación es la suba del precio del dólar. También actúan en ella factores como la concentración económica de mercados claves, los ajustes tarifarios, los movimientos del valor de la nafta, la puja distributiva, los precios externos de los bienes primarios, las expectativas, los desequilibrios productivos, las tasas de interés en el mundo, el ciclo económico, la estacionalidad y los ahogos del sector externo”.
También plantea la duda sobre el concepto de emisión, porque “existen múltiples agregados monetarios, con lógicas y formas de funcionamiento no siempre iguales en cada caso”.
Y hay ejemplos de emisión sin inflación: “en la actualidad podemos ver cómo en plena pandemia y en la emergencia económica mundial provocada por el Covid-19, los principales países del mundo se han largado a emitir a lo loco. No obstante, por más que en Europa o en Estados Unidos le den “a la maquinita” no se registra inflación allí”.