Implica revisar instalaciones, eliminar obstrucciones, restablecer presión en los pozos y poner en marcha plantas de procesamiento. Expertos estiman que solo esta etapa podría demandar entre dos y cuatro semanas.
El panorama es aún más complejo en el mercado de gas. La planta de Ras Laffan, en Qatar —clave para el suministro global de GNL— permanece parcialmente fuera de operación tras ataques que dañaron infraestructura crítica.
Las reparaciones podrían tardar años, aunque la reactivación parcial demandaría al menos varias semanas. Esto introduce un problema adicional. Incluso si el petróleo se recupera relativamente rápido, el gas podría enfrentar una escasez más prolongada.
Las flotas varadas y relocalizadas
A esta situación se suma el cuello de botella logístico. Unos 480 buques permanecen varados en el Golfo, y aun cuando se restablezca la seguridad, los armadores podrían demorar sus operaciones ante el riesgo de nuevos ataques.
Las primas de seguros se dispararon y, en algunos casos, se multiplicaron por diez, lo que encarece el transporte y desalienta la actividad.
Además, la flota global de petroleros se encuentra desalineada. Muchos buques que operaban en Medio Oriente fueron redirigidos a otras rutas tras el inicio del conflicto, lo que implica que su regreso al Golfo podría tardar semanas o incluso meses. En paralelo, daños en puertos e infraestructura podrían prolongar aún más los tiempos de normalización.
El impacto en otras regiones
El impacto también se traslada al mundo. Varias refinerías en Asia redujeron o suspendieron operaciones por falta de insumos, recortando el procesamiento en unos 3 millones de barriles diarios. Reactivar estas plantas no es inmediato, los procesos técnicos requieren tiempo y cuidado para evitar daños estructurales.
En este contexto, los analistas advierten que el mundo podría enfrentar un déficit energético sostenido. Aun con una resolución rápida del conflicto, la producción global de petróleo podría quedar un 3% por debajo de lo previsto este año, mientras que el mercado de GNL enfrentaría faltantes aún mayores.
El efecto en la economía global
Las consecuencias macroeconómicas son presión inflacionaria, mayores costos de energía y riesgos para la recuperación global. Además, la caída de inventarios podría derivar en compras masivas y nuevas subas de precios, especialmente en países con menor capacidad de almacenamiento.
El mercado, por ahora, apuesta a una resolución rápida. Pero la historia reciente muestra que los shocks energéticos tienen efectos persistentes. En este caso, la combinación de conflicto geopolítico, restricciones logísticas y daños estructurales sugiere que el impacto podría extenderse mucho más allá del fin de las hostilidades.
Así, el mundo enfrenta no solo una crisis puntual, sino un recordatorio de su alta dependencia de rutas críticas como el estrecho de Ormuz. Y la advertencia de que incluso cuando cesan los conflictos, sus efectos económicos pueden perdurar durante meses.
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