Este shock en precios responde en gran parte al cierre del estrecho de Ormuz, una vía clave por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial. La interrupción del flujo elevó el precio del crudo Brent por encima de los US$118 por barril, con un aumento cercano al 60% en el último mes. El impacto no es solo energético: se traduce en inflación, menor poder adquisitivo y creciente malestar social.
Cambios en el comportamiento de los consumidores
En este contexto, emerge un cambio de mentalidad en los consumidores. La tradicional “ansiedad por la autonomía” de los autos eléctricos comienza a ser reemplazada por la “ansiedad por el precio de la gasolina”. Es decir, el temor ya no pasa por quedarse sin batería, sino por no poder afrontar el costo de llenar el tanque.
Los datos reflejan esta transición, según publicó Financial Times. Las búsquedas de modelos de BYD aumentaron un 77% interanual, mientras que el interés por unidades usadas creció más de un 375%. Modelos como el Sealion 7 o el híbrido Sealion 5 ganan protagonismo en un mercado cada vez más sensible al costo operativo.
Cómo responden las automotrices
Otras automotrices también registran un fuerte repunte. Renault informó un aumento del 24% en las consultas online por vehículos eléctricos, mientras que Kia reportó un salto del 84% en solicitudes de pruebas de manejo. Incluso el segmento de usados se expande con rapidez: Octopus Electric Vehicles asegura que sus ventas se cuadruplicaron en apenas seis meses.
Grandes fabricantes como Ford, Honda y Stellantis han moderado sus planes de electrificación, recortando inversiones ante la incertidumbre.
En contraste, las empresas chinas avanzan con agresividad. BYD, pese a una caída en sus ganancias, vio subir sus acciones un 17,5% desde el inicio del conflicto, impulsada por expectativas de mayor demanda global. Su estrategia apunta a capitalizar este momento como una ventana de expansión internacional.
A nivel estructural, en Europa los vehículos eléctricos representan cerca del 19% del mercado, con un crecimiento interanual del 15%. En el Reino Unido, la participación alcanza el 22%.
La crisis energética no solo impacta en la inflación global, sino que también acelera una transformación estructural en la industria automotriz. El petróleo caro, paradójicamente, podría ser el mayor impulsor de la transición hacia una movilidad más limpia.
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