La cuenta financiera también se deterioró: tras un superávit de US$ 440 millones en el primer bimestre, marzo cerró con una fuga de US$ 1.892 millones, empujada principalmente por el parate del endeudamiento privado en dólares ante la falta de previsibilidad.
Con este telón de fondo, y sumando un escenario global adverso por la guerra de aranceles, el Gobierno optó por flexibilizar el mercado cambiario para intentar aliviar las tensiones.
El regreso de los dólares comerciales
El fin del esquema blend implica que el 100% de las exportaciones vuelven a canalizarse por el mercado oficial, lo que representa un incremento de aproximadamente el 25% en la oferta de divisas. Sin embargo, no todo será viento a favor: parte de la demanda que antes operaba en el contado con liquidación ahora migrará al mercado oficial, poniendo a prueba la capacidad de absorción de la nueva oferta.
Si bien la agroindustria mostró señales positivas, con liquidaciones diarias superiores al promedio histórico para abril (US$ 146,6 millones), todavía no alcanza para cubrir toda la demanda de divisas y lograr la ansiada convergencia del dólar hacia los $1.000.
Desde el Gobierno insisten en que la presión vendedora empujará al billete hacia el piso de la banda. Incluso se analiza una nueva medida para fomentar la remonetización en dólares, en un intento por anclar las expectativas. En paralelo, los depósitos privados en moneda extranjera volvieron a superar los US$ 30.000 millones, una señal de mayor confianza, pero también de persistente dolarización.
Carry trade
Frente a este escenario, el carry trade parece ofrecer una oportunidad tentadora. Con el dólar en niveles más elevados, el riesgo de una devaluación abrupta se reduce, mientras que las tasas en pesos todavía ofrecen diferenciales interesantes.
Desde el inicio de la Fase 3, las Lecaps acumularon un retorno en dólares del 5,1%, sólo superadas por los bonos TAMAR Duales (5,3%). Más atrás quedaron los bonos CER (1,4%) y los plazos fijos atados a Badlar y TAMAR (entre 1,7% y 1,8%).
Con tasas de interés en pesos fijas entre 2,5% y 2,7% mensual, la apuesta sigue siendo viable siempre que el dólar no se escape del centro de la banda. Sin embargo, dada la reciente compresión de rendimientos y la caída de la inflación esperada —reflejada en breakevens del 1,7% mensual—, surge la duda de si estas tasas alcanzan para seguir captando interés.
Hoy, la pérdida máxima estimada hasta fines de octubre rondaría el 9% en dólares, equivalente a un tipo de cambio de equilibrio de $1.370. Esto implica que la apuesta al peso sigue siendo, esencialmente, una apuesta a una estabilidad (o incluso apreciación) cambiaria.
Para que esta estrategia se consolide, sería necesario un endurecimiento de la tasa de política monetaria, algo que el Gobierno ya dejó entrever junto con las recientes medidas de flexibilización.
Opciones más conservadoras
Para los inversores menos proclives al riesgo, existen alternativas más conservadoras. Los bonos atados a inflación (CER) recobraron atractivo en las últimas semanas, ofreciendo tasas reales de dos dígitos hacia 2026.
Asimismo, la posibilidad de realizar carry trade cubierto —aprovechando contratos de futuros de dólar que descuentan devaluaciones menores al 2% mensual— permite construir posiciones dolarizadas sintéticas, con rendimientos de entre 6% y 10% anual, aunque por debajo de los retornos que ofrecen los soberanos dollar linked (13,5%) o los Bopreal 1B.
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