Y sobre el Covid y el público, el dirigente xeneize indicó: “Hay que derrotar al Covid para que la gente vuelva a la cancha. Para nosotros es fundamental que los hinchas vuelvan a los estadios. No por lo económico, sino por lo sentimental. Sin público es otro fútbol”.
Pero el de River, aclaró: “El momento en que las canchas estén llenas va a ser cuando estemos todos vacunados”.
Quien no estuvo en esa rueda de prensa fue Albístur, el delegado de Alberto Fernández y dueño del departamento donde vivía el actual presidente en Puerto Madero gracias a un peculiar préstamo.
Sobre el rol del ‘Pepe’, D’Onofrio explicó: “Boca y River son quienes de alguna manera podemos contribuir a que se tome conciencia de la pelea que estamos dando los argentinos y el mundo entero contra el coronavirus. Por eso le pedimos asesoramiento a 'Pepe' Albistur”.
D’Onofrio debe saber muy bien qué tipo de ayuda puede brindar Albístur. Con su productora ND produjo el documental “River, el más grande siempre”, del que además ‘Pepe’ fue productor y guionista.
Pero más allá de las proclamas de unidad contra el Covid-19, no hubo ninguna mención a la verdadera razón por la cual dejó de haber público visitante en los estadios argentinos: la inseguridad.
El fútbol sin público es la demostración de que no hay seguridad en la Argentina y la inseguridad es el verdadero tema que tiraron debajo de la alfombra.
Aunque no se trata sólo de River, Boca y Albístur, sino de la dirigencia del fútbol y de la dirigencia política.
Y todos ellos son el reflejo, en su accionar, de una sociedad argentina que siempre resuelve sus problemas debajo de la alfombra.
Porque lo que pasa en el fútbol, como en otros ámbitos, es demostración solamente de una generalidad.
Por eso nunca resolvieron la inseguridad y no quieren resolverla ahora, y el Covid les da una buena excusa para no hablar de eso. Lo cual tampoco parecer molestar a la mayoría de la dirigencia del fútbol
En esa realidad, el fútbol argentino cuenta con una Conmebol que no dice nada y el silencio de la FIFA.
En cuanto al reclamo de los descensos, el rechazo de la mayoría de los clubes también es otro reflejo de una opinión de base generalizada que se puso en debate público con el concepto de la meritocracia, una discusión nunca saldada porque terminó en la Grieta.
No es de extrañarse que la negativa a los descensos encuentre asidero en una sociedad argentina que odia la meritocracia, una sociedad en la que ya no sorprende que los chicos no repitan de grado y no haya exámenes. Entonces, es lógico que no haya descensos en el fútbol y eso sea celebrado en un ámbito que es de competencia.
En cuanto a lo estrictamente competitivo y deportivo, se puede hacer una liga sin descensos pero en ese caso se deben hacer franquicias como la NBA. En ese esquema participan los clubes que están y no entra ninguno nuevo. Y es un show.
Pero en Argentina el concepto que se busca es dejar el fútbol tal y como está, aunque sin descensos. Sin premios ni castigos. En esa línea el presidente de River habló con razón el miércoles 21/1 al recordar el descenso del club y su posterior retorno a la primera división…aunque hubo movidas políticas para evitarlo.
Todo este combo de imposibilidad de asistir a los estadios por la violencia, la indiferencia de dirigentes y políticos y una filosofía de competición sin premios ni castigos en una sociedad anómica, se completa con una demanda multimillonaria de los clubes en concepto de televisación de partidos con un bajo nivel de juego donde abundan las fricciones y las peleas y sin ‘estrellas’ porque los que juegan bien dejan la liga local detrás de jugosos contratos en dólares en el exterior.