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El Poder Legislativo que los argentinos necesitamos

La convocatoria de la marcha de Blumberg fue acertada. Según se indica en la sección opinión del diario El Cronista Comercial, vale la pena destacar que alguien haya pensado en peticionar a nuestros legisladores para que hagan su parte en promover mejores políticas públicas frente a esta enorme preocupación social , ya que no siempre hay que reclamar frente al Ejecutivo. Las esperanzas están puestas en el Congreso.

La semana pasada más de 120.000 argentinos se reunieron frente al Congreso a peticionar a las autoridades por una solución al problema de la seguridad. Esto merece ser celebrado, no sólo porque semejante movilización se hiciera en forma totalmente pacífica y democrática, sino especialmente porque se haya hecho frente al Poder Legislativo. En un país en que hemos soportado (y también pecado por pedir) demasiadas intervenciones mesiánicas del Poder Ejecutivo de turno, vale la pena destacar que alguien haya pensado en peticionar a nuestros legisladores para que hagan su parte en promover mejores políticas públicas frente a esta enorme preocupación social. Bienvenido que así sea, porque la Argentina necesita que este tipo de discusiones tengan lugar, cada vez más, en la institución más representativa de nuestra democracia, el Congreso de la Nación, y no que deleguemos únicamente en la autoridad del Poder Ejecutivo la búsqueda de soluciones a nuestros problemas más acuciantes. En este sentido, esta nota no trata sobre el problema de la seguridad o las políticas que se discuten estos días para atender la dramática situación que enfrentamos. Trata en cambio sobre el funcionamiento de nuestras instituciones políticas, en particular del Poder Legislativo, deteniéndonos unos minutos en la imagen de esos más de ciento veinte mil argentinos con velas encendidas frente al Congreso de la Nación, pidiéndoles a sus representantes que escuchen sus preocupaciones. Nuestra Constitución establece que "el pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes", y en nuestro sistema republicano y federal, el Poder Legislativo es la institución más representativa de la política, ya que allí está representado el pueblo de la Nación en la Cámara de Diputados y las provincias que la componen en la Cámara de Senadores. En este esquema, para que los legisladores cumplan cabalmente con sus funciones es vital que la ciudadanía pueda acercar sus opiniones y preocupaciones; y para ello es indispensable que los ciudadanos puedan contar con información precisa y suficiente sobre la labor de sus representantes. A la vez, para poder gobernar y deliberar a través de sus representantes, para poder elegir y controlarlos adecuadamente, la ciudadanía debe poder acceder a la información pertinente; el pueblo tiene que poder ejercer su "derecho a saber de qué se trata". Pero los argentinos y nuestros representantes todavía no hemos resuelto este desafío satisfactoriamente. Lamentablemente, nuestro Poder Legislativo no es aún suficientemente abierto, transparente y democrático. Ni, quizás en parte por eso, es aún suficientemente fuerte en el juego de poder de nuestras instituciones políticas. Los argentinos necesitamos impulsar cambios que contribuyan a fortalecer el Congreso y a la vez dotarlo de mayores virtudes democráticas. Es seguramente por ello que el Senado, presidido por el vicepresidente de la Nación, Daniel Scioli, avanza en un necesario y bienvenido "Plan de Fortalecimiento Institucional". Gran parte de las medidas impulsadas están relacionadas con mejorar el funcionamiento de la Cámara, dotarla de mayor transparencia y garantizar el acceso a la información pública. Y la buena noticia, quizás sorprendente, es que estos cambios efectivamente se están llevando adelante con resultados alentadores. Para mencionar sólo algunos ejemplos, podemos hacer referencia a algo tan simple como el cumplimiento del reglamento de la Cámara, la introducción efectiva del voto nominal (que siempre se consigne cómo votan los legisladores); los esfuerzos para hacer públicas las sesiones plenarias y el trabajo de las comisiones legislativas; la desclasificación de archivos secretos según lo establece la ley, o la mejora significativa de los servicios de atención al ciudadano. Todas estas medidas ayudan a garantizar un Poder Legislativo más abierto, transparente y democrático, y a la larga dotan de mayor legitimidad y fuerza a nuestro Congreso. Pero con eso no alcanza. Todavía nos queda mucho por hacer para mejorar la calidad de nuestras instituciones legislativas y tener el Poder Legislativo que los argentinos necesitamos. Entre otras cosas, la Cámara de Diputados tiene pendiente encarar una reforma seria de su reglamento para favorecer la eficiencia, la transparencia y la participación ciudadana; y el Senado tiene pendiente aprobar la Ley de Acceso a la Información Pública. Muchos argentinos estamos convencidos de que este Congreso tiene la oportunidad histórica de avanzar en estas y otras cuestiones que permitan recuperar la confianza de los ciudadanos en nuestras instituciones políticas y de fortalecer nuestro sistema republicano, representativo y federal. Ojalá nuestros legisladores tengan el coraje de hacerlo. (*) Por Nicolás Ducoté

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