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A 50 años de un discurso que intentó cambiar al comunismo mundial

Nadie podrá quitar a Nikita Sergueievich Kruschev el mérito de haber denunciado, en su discurso del 25 de febrero de 1956, en el XX Congreso del Partido Comunista, las atrocidades y el culto a la personalidad durante el mandato de Josef Stalin. La URSS ya no volvió a ser la que fue. Nadie, tampoco, podrá librarle del estigma de que, por los motivos que fuesen, él fue un colaborador activo en la represión. Kruschev supo lo que pasaba antes que, en 1953, muriese el cruel Stalin pero logró progresar en lo personal. Según Mólotov, por ejemplo, "envió al otro mundo a 50.000 personas", y eso tan sólo mientras estuvo en la dirección del partido en Ucrania. En septiembre de 1939, en Ucrania occidental, que acababa de ser "recuperada" por la URSS tras el pacto con Hitler, le dijo a los generales del KGB: "¿Y usted le llama a esto trabajar? ¡Pero si no ha habido ni una sola ejecución!". Sin embargo, también es el hombre que denunció a Stalin.

Hace 50 años, la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviética (URSS) iniciaba un cambio de rumbo político basado en la "desestalinización" de la sociedad. La nueva dirección política que tomaba el país no sólo tuvo repercusiones internas sino también en otros países ideológicamente aliados de Moscú y en el movimiento comunista mundial. El 'discurso secreto' de Kruschev no se publicó en la Unión Soviética hasta 1988, 32 años después de pronunciado. Y fue una publicación parcial, nunca completa. En aquel dramático "discurso secreto" pronunciado el 25 de febrero de 1956 y que sorprendió a sus camaradas, el nuevo líder soviético, Nikita Kruschev denunció, durante el XX Congreso del PCUS, "los errores y crímenes de Stalin", derivados del "culto a la personalidad". Igualmente reveló que en su testamento político, Vladimir Illich Lenin, el fundador del estado soviético, previno contra el peligro de mantener a Stalin como secretario general del Partido Comunista. La campaña de "desestalinización" -iniciada a sólo 3 años de la muerte de Stalin- culminó con la retirada de sus restos del Kremlin y la condena oficial del estalinismo emitida por el XXII Congreso del PCUS, en 1961. La nueva situación política hizo que muchos de los partidos comunistas que se habían adherido al estalinismo adoptaran las posiciones reformistas moderadas de Kruschev y condenaran el "dogmatismo ideológico" de la era Stalin como "contrario al marxismo-leninismo". Sin embargo, 50 años después de que Nikita Kruschev destapara los crímenes del estalinismo en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), el Estado ruso continúa reacio a condenarlos con determinación. Gran parte del texto del informe sobre 'el culto a la personalidad' del dictador, leído por Kruschev ante los delegados del Congreso el 25 de febrero de 1956, sigue bajo la clasificación de secreto. Y es que el culto a Stalin también tiene lugar en la Rusia de hoy. Así lo afirma el ex presidente Mijaíl Gorbachov, que se dice preocupado por el fenómeno. Después de Budapest Kruschev dijo que Lenin había prevenido a los soviéticos contra el peligro que representaba Stalin. La "desestalinización" de la URSS estimuló expectativas de reformas políticas en países aliados de Moscú como Polonia y Hungría. Ese mismo año una gran manifestación de estudiantes clamó por reformas liberalizadoras en Budapest, dando inicio a una sublevación que sólo se saldó con la intervención de tropas soviéticas. En Polonia también tuvo lugar un levantamiento obrero en Poznan. Algunos medios de comunicación rusos aseguraban hace unos días que el informe de Kruschev sería desclasificado para poder apreciarlo en profundidad. Un ejemplar del voluminoso texto debería integrar la exposición que el Museo de Historia de Moscú acaba de inaugurar con motivo de aquel importante cónclave comunista. Estaba previsto que el documento apareciera en su totalidad en una pantalla interactiva. Sin embargo, una decisión de última hora de algún funcionario lo ha echado todo a perder. En la muestra hay fotografías, acreditaciones de los delegados del congreso, algún objeto personal de Kruschev, una gorra militar de Stalin y una de las viseras que utilizaba Bulat Akudzhava, el bardo que más canciones ha dedicado a las víctimas del tirano soviético. Sin embargo, el discurso secreto de Kruschev brilla por su ausencia. Se expone la portada del diario Pravda con el comienzo del discurso, al tiempo que se proyecta una breve película en la que durante poco más de 10 segundos aparece una cuartilla casi ilegible del histórico informe. Un Congreso peligroso El XX Congreso de los comunistas soviéticos, al que asistieron 1.349 delegados y fue bautizado como el del 'deshielo', tuvo lugar del 14 al 25 de febrero de 1956. 3 años antes había muerto Stalin; y Kruschev intentaba consolidarse como líder absoluto frente a sus poderosos rivales, Malenkov, Bulganin, Mólotov, Voroshílov y Kaganóvich. El Congreso, el primero que se celebraba tras la desaparición del dictador, constituía una oportunidad única de ganar posiciones. Kruschev leyó su informe el día de la clausura, el 25 de febrero, y sus revelaciones dejaron de piedra al auditorio. No hubo aplausos porque en la sala se encontraban los cómplices directos del terror estalinista, empezando por el propio Kruschev. En el informe se presentaba a Stalin como un déspota cruel e incompetente. Intolerante con cualquier opinión que no coincidiera con la suya y responsable de la penuria económica que padecía el país. Se le acusaba de haber dado orden de enviar al Gulag (campos de concentración soviéticos) a dos millones de personas entre 1935 y 1940, de las que 700.000 fueron fusiladas sin juicio previo. En realidad, durante todo su mandato, Stalin acabó con más de 5 millones de soviéticos, calculando muy a la baja. En su discurso, Kruschev sostenía que el NKVD, antecesor del KGB, utilizaba la tortura para obtener confesiones, e incluso que Stalin participó personalmente en algunas de esas prácticas. Desmontó, además, el mito de la supuesta genialidad de Stalin la que permitió ganar la guerra a la Alemania nazi. Y recriminó las deportaciones de etnias enteras a Siberia y Asia Central. Ante la polvareda que levantó, y para evitar la desestabilización del régimen, se decidió archivar el informe. Se publicó una sola vez en los años de la 'perestroika', pero volvió a desaparecer después de los fondos accesibles de los archivos. Alguna similitud tendrá la Rusia del siglo 21 con la época estalinista cuando, un reciente sondeo indica que la mitad de los rusos tiene una opinión favorable de Stalin. El poder El 'discurso secreto' de Kruschev no se hizo público hasta el 18 de marzo de 1956 y sólo se dio a conocer a las autoridades de USA y de Yugoslavia. Después de que Stalin había muerto en marzo de 1953, Nikita Kruschev le sucedió como Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista, y Georgi Malenkov como Premier de la Unión Soviética. La nueva jefatura declaró una amnistía por sentencias que cumplían condena en prisión por crímenes, anunció reducción de costos y disminuyó las restriccciones sobre los terrenos privados. La desestalinización significó un fin al rol del trabajo forzado a gran escala en la economía. Kruschev consolidó gradualmente el poder. Entonces conmocionó a sus oyentes con aquel discurso. El impacto sobre los políticos soviéticos fue inmensa. El discurso desnudó la legitimidad de sus rivales estalinistas que quedaban, aumentando dramáticamente su poder a nivel local. Despúes, Kruschev mitigó las restricciones, liberando a millones de prisioneros políticos (la población del Gulag bajó de 13 millones en 1953 a 5 millones en 1956-57) e iniciando políticas económicas que enfatizaron los bienes comerciales antes que la producción de acero y carbón, permitiendo aumentar dramáticamente los estándares de vida y al mismo tiempo tener altos niveles de crecimiento económico. Pero hubo un enorme impacto en sus satélites en Europa Central, muchos de los cuales estaban resentidos por la influencia soviética en sus asuntos. Los motines en Polonia en el verano de 1956, condujeron a represalias de las fuerzas locales. Luego siguió una convulsión política, llevando a la asunción del poder a Władysław Gomułka en octubre. Esto casi gatilló una invasión soviética cuando los comunistas polacos lo eligieron sin consultar al Kremlin con antelación. Pero Kruschev dio un paso atrás debido a la amplia popularidad de Gomułka en el país. Polonia seguiría integrando el Pacto de Varsovia (establecido 1 año antes), y a cambio, la Unión Soviética intervendría con menor frecuencia en los asuntos internos y externos de sus vecinos. La sublevación húngara de 1956 fue brutalmente reprimida por las tropas soviéticas. Murieron entre de 25.000 y 50.000 húngaros y 7.000 soldados soviéticos, miles resultaron heridos, y casi 250.000 húngaros abandonaron el país como refugiados. La revolución fue un golpe para los comunistas en los países occidentales; muchos que habían apoyado formalmente a la Unión Soviética, tomaron distancia. Al año siguiente, Kruschev derrotó un concertado intento estalinista por recapturar el poder, venciendo al proclamado "Grupo Anti-Partido". Este hecho también ilustró la nueva naturaleza de los políticos soviéticos— el ataque más decidido sobre los estalinistas fue realizado por el ministro de Defensa Georgy Zhukov, la amenaza supuesta a los conspiradores era clara; sin embargo, ninguno de los del "grupo anti-partido" fue asesinado: por ejemplo, uno fue nombrado para administrar una central eléctrica en el Cáucaso, y otro, Viacheslav Molotov, se convirtió en embajador en Mongolia. Khrushchev se convirtió en Premier el 27 de marzo de 1958, cesando el poder absoluto en el país. El partido se convirtió en la institución dominante sobre la policía secreta y el ejército. Asistir a los países en desarrollo y la investigación científica, especialmente en tecnología espacial y armamento, mantuvo a la Unión Soviética como 1 de las 2 mayores potencias del mundo. Los soviéticos enviaron el 1er. satélite espacial, el Sputnik, en 1957. Los soviéticos también enviaron al 1er. hombre al espacio, Yuri Gagarin, en 1961. Pero Kruschev fue considerado por sus enemigos políticos -la casta emergente de los tecnócratas profesionales- como un campesino patán que interrumpiría a sus oradores para insultarlos, lo que tampoco era tan errado, aunque el personaje merecía una lectura más compleja. Kruschev animó a los campesinos a cultivar más en sus parcelas privadas, aumentó los pagos por las cosechas cultivadas en granjas colectivas e invertió más fuertemente en la agricultura. Pero todo esto fue insuficiente para la ex URSS y para el éxito del propio Kruschev, que terminaría siendo desplazado brutalmente por una suerte de neoestalinismo.

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