El manejo de la economía
Ningún otro país tiene tanta experiencia de los males que suele provocar la inflación como la Argentina. Tampoco hay otros cuyos dirigentes la hayan enfrentado con tantas estrategias distintas, desde las supuestas por intentos de convivir con ella como si en verdad careciera de importancia o incluso ayudara a incentivar a la gente hasta adoptar el dólar estadounidense como la virtual moneda nacional con la esperanza de importar la estabilidad ajena. Puede entenderse, pues, el malestar que sienten tantos integrantes del gobierno del presidente Néstor Kirchner ante los aumentos recientes del costo de vida que hacen temer una tasa de inflación anual del 10% o más. Aunque conforme a las cifras astronómicas que fueron registradas con frecuencia antes de la puesta en marcha del Plan de Convertibilidad se trataría de una nimiedad, a menos que el gobierno logre controlar la inflación correrá el riesgo de que la economía se le vaya de las manos a pesar de la prudencia relativa con la que ha manejado las finanzas nacionales durante las primeras fases de su gestión. Por fortuna, todavía no hay motivos para temer que el país esté en vísperas de aquel estallido hiperinflacionario que fue vaticinado por "los agoreros" cuando en el 2002 hablaban de los peligros de una devaluación masiva, pero esto no quiere decir que ya sea imposible que la inflación se despierte. Según se informa, un sector del gobierno, capitaneado, cuando no, por el ministro de Planificación, Julio De Vido, quiere controlar los precios a través de acuerdos con los productores y distribuidores, mientras que el ministro de Economía, Roberto Lavagna, descree de la eficacia de una modalidad que en el pasado ha resultado contraproducente. En este debate interno, Lavagna lleva las de ganar porque en nuestro país los resultados de los intentos de manejar los precios de bienes determinados no han sido exactamente felices, pero así y todo no sorprendería demasiado que el presidente optara por tratar de administrar los precios de los alimentos y artículos de limpieza como ya está haciendo con los combustibles y diversos servicios públicos. Puesto que las circunstancias obligan a Kirchner a privilegiar el corto plazo, no podrá sino sentirse tentado por la posibilidad de anunciar un nuevo gran acuerdo corporativo luego de enfrentarse con los hipotéticos responsables de esquilmar a los consumidores. Después de todo, ya ha actuado así frente a las empresas energéticas y parece convencido de que su postura combativa no sólo ha beneficiado a la gente, sino que también le ha permitido mantener alto su propio índice de popularidad. Claro, si fuera posible domar la inflación con acuerdos políticos acompañados por exhortaciones moralizadoras, el fenómeno hubiera desaparecido de la faz de la Tierra hace mucho años, pero si bien en el complejo mundo moderno tales métodos pueden traer un respiro, no constituyen un sustituto para medidas que sean a un tiempo más técnicas y más dolorosas. Sin embargo, sucede que por razones que no tienen que ver con la capacidad o con las ideas de sus miembros más influyentes, al gobierno de Kirchner le sería sumamente difícil administrar la economía con el rigor exigido por la situación del país: desde hace más de un año, la "gobernabilidad" depende tanto de la imagen del presidente que en todo momento se ha visto constreñido a dar a entender que sus iniciativas están destinadas a proteger a "la gente", en especial a los sectores más pobres de la población, contra los zarpazos de grupos poderosos presuntamente vinculados con intereses foráneos. Por desgracia, aunque en términos generales el manejo de la economía por parte de Kirchner y Lavagna ha sido menos populista de lo que quisieran hacer pensar, al recalentarse las luchas políticas el gobierno se ha puesto a discriminar en favor de sectores determinados y en contra de otros, estimulando la militancia de los estatales en casi todas las provincias. Asimismo, al difundirse la conciencia de que los más golpeados por la crisis económica que se intensificó cuando se desplomó la convertibilidad han sido los ya muy pobres, el gobierno se cree obligado a ayudarlos, lo que podría significar más problemas para la clase media urbana castigada que conforma la base de sustentación del kirchnerismo.