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Alberto consiguió protagonismo gracias a su amigo Lula.
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La versión de que el nuevo cortocircuito entre el kirchnerismo y Fernández se debió al los celos por el protagonismo presidencial gana fuerza a la luz de la desazón que quedó en el espacio de Cristina Kirchner por la imposibilidad de una reunión con el mandatario brasileño. La Vicepresidente montó en su despacho del Senado lo que se dio a llamar una “CELAC paralela” en la que varios presidentes asistentes a la cumbre (de Bolivia, Honduras y Colombia) fueron a sacarse la foto con ella. La versión oficial del encuentro fallido con Lula, según dijo Celson Amorim, excanciller de Brasil y actual asesor presidencial, sostuvo que la agenda del líder del PT estuvo tan cargada que no dejó espacio para “intervalos”, como un encuentro con CFK. Hay apuestas sobre cuáles fueron los sentimientos de la Vice sobre ese rótulo bajo el que la dejó Amorim. Otras versiones sostienen que la foto entre Cristina y Lula se frustró porque el brasileño se negó a ir al Senado como hicieron otros de sus pares de menor envergadura, y no hubo acuerdo de la Vice para concurrir ella al Hotel Sheraton donde se desarrollaba el encuentro de la CELAC ni a la embajada de Brasil. Se agrega a esto un presunto interés de Lula en no generar rispideces con Fernández visitando a su principal enemiga. La condena por corrupción que pesa sobre CFK como disuasivo para Lula también circuló como rumor, más si se tiene en cuenta que el brasileño nunca expresó solidaridad alguna con la exPresidente por su devenir judicial. De alguna forma, el relato K de emparentar a la Vice con Lula, quien estuvo detenido por una condena por corrupción que luego fue anulada por la Corte Suprema, encontró un obstáculo en la propia actitud del mandatario brasileño.
Viso de legalidad
A diferencia de Lula, Cristina Kirchner no espera que la Corte local la libre de culpa y cargo. Por eso el kirchnerismo avanza contra los miembros del máximo tribunal. Esta semana se activó la Comisión de Juicio Político en la Cámara de Diputados para tratar el pedido que impulsa la Casa Rosada con algunos gobernadores peronistas. La sesión fue dominada por los cruces y las chicanas. Desde el entorno de la Vicepresidente, en tanto, intentan darle algún viso de legalidad a las filtraciones de presuntas conversaciones entre Silvio Robles, colaborador de confianza de Horacio Rosatti, presidente de la Corte, con un ministro de Horacio Rodríguez Larreta. Los chats son un elemento clave en la acusación contra los magistrados, pero un juez de Comodoro Py ya dijo que por haber sido obtenidos de forma ilegal no se puede iniciar una causa penal a partir de esa comunicaciones. La decisión del juez Sebastián Ramos debilitó esos elementos como prueba ante la Comisión. Por eso Axel Kicillof volvió a denunciar a Robles, pero esta vez en los tribunales de La Plata, por lo que la causa quedó en manos de Alejo Ramos Padilla, siempre sospechado de algún tipo de vínculo con el oficialismo, que lo convirtió en juez con competencia electoral. Robles denunció “forum shopping”, algo de lo que se sospechaba ocurrió en Santiago del Estero, donde el gobernador Gerardo Zamora fue antes contra el colaborador de Rosatti. Pero el juez santiagueño se declaró incompetente porque ya había una causa en curso en la Capital Federal, donde -al fin y al cabo- se produjo el presunto delito de tráfico de influencias. Por el mismo motivo también se desvinculó del caso el juez federal de La Rioja, hasta quien llegó una denuncia similar contra Robles por parte del gobernador Ricardo Quintela. Con esos antecedentes, llamaría la atención que Ramos Padilla resulte juez natural para reabrir una causa ya archivada por los tribunales competentes.
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La Comisión de Juicio Político se reunió para tratar los pedidos contra la Corte Suprema.
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Para no ser
La denuncia de Kicillof contra Robles es un reflejo del enojo que le causó a Cristina Kirchner el archivo de la causa, algo que manifestó en redes sociales. El gobernador bonaerense quiere congraciarse con la Vice. Pero a diferencia de otros que pretenden su bendición para ser candidatos presidenciales, Kicillof la quiere para no serlo y competir por su reelección en la provincia. Los números de las encuestas lo muestran muy competitivo y como favorito. Los sondeos de las consultoras Aresco y Proyección le adjudican un piso electoral del 30%. Sin embargo, la incógnita sigue girando alrededor de un punto: cuál será el arrastre que tendrán las candidaturas presidenciales sobre las de gobernador en una elección que se jugará al mismo tiempo. Santiago Giorgietta, director de Proyección, le explicó a Urgente24 que la principal tracción en beneficio de Kicillof será la mejora económica. Sin decirlo, el consultor admitiría que la suerte del gobernador estará atada a la gestión nacional y, en consecuencia, a quien la represente en la boleta presidencial.
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La encuesta de Aresco perfila a Kicillof como favorito para reelegir en la provincia de Buenos Aires.
Presión papal
Sergio Massa es quien mejores números presenta para el oficialismo en un escenario sin Cristina Kirchner como candidata. Pero la posibilidad de que el ministro de Economía compita está íntimamente vinculada al éxito que logre su gestión. En particular con el tema inflacionario y su impacto en los ingresos de las familias más pobres. Esta semana Massa recibió una presión inesperada: el papa Francisco dijo en una entrevista que la suba de precios en la Argentina es “impresionante”. Impacta el timing: fue apenas después de que Alberto Fernández la atribuyera a un fenómeno psicológico. Los dichos inusuales del Papa argentino avivaron especulaciones sobre si no se trataba de una devolución de gentilezas a Massa, a quien se le adjudicaron esfuerzos en nombre de Néstor Kirchner para desplazarlo cuando era arzobispo porteño. También hay que consignar el estrecho vínculo que Jorge Bergoglio supo cultivar con Martín Guzmán, antecesor de Massa, a quien designó en una academia pontificia. Francisco se quejó de los niveles de pobreza en la Argentina, que atribuyó a “malas políticas”. Zonzamente desde la Casa Rosada creyeron resolver todo culpando a la gestión de Mauricio Macri. Pero el Papa utilizó como punto de referencia la pobreza que dejó el primer gobierno peronista al momento de su derrocamiento, en 1955, que dijo que fue del 5%. El dato es interesante, porque es la misma cifra con la que Cristina Kirchner cree que dejó su gobierno en 2015, cuando en realidad orillaba los 30 puntos. “Menos pobres que en Alemania”, se decía por aquellos días de INdEC intervenido y discontinuidad de los índices sociales. Esto último gracias a Kicillof, que era ministro de Economía. Vale la pena recordarlo.
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