Es posible afirmar que la estela del 2001 sobrevive con fuerza producto de las consecuencias de la Patriot Act que impuso en ese momento el Pentágono, aprovechando la desesperación de George W. Bush, quien era el Presidente.
Y luego de la Patriot Act, en 2015 ocurrió la complementaria USA Freedom Act, que restauró en forma modificada varias disposiciones de la Patriot Act, que había expirado el día anterior. Por ejemplo, la autorización para escuchas telefónicas itinerantes y rastrear a sospechosos de terrorismo.
Es posible que sean consecuencia de la enorme recolección de datos por una atribución casi ilimitada que se arrogó USA sobre las redes de comunicación globales que reunió, sistematizó y analizó información que más tarde tuvieron consecuencias puntuales tales que fueron desde el Fifagate (venganza de USA por haberle impedido organizar el Mundial FIFA 2022, concedido a Catar) al ' affaire' Odebrecht (derrumbe de una constructora brasilera que competía con las estadounidenses en todas partes e inclusive había concretado la ampliación del puerto y zona franca en Mariel, Cuba), entre otros incidentes.
La Patriot Act intentó reivindicar el mundo unipolar, que ¿existe? Para probar que es un anhelo de USA del que muchos dudan llegaron dos escándalos durísimos para USA: el WikiLeaks y las confesiones de Edward Snowden, quien anticipó la posibilidad de que la National Security Agency utilizara desarrollos cibernéticos para interrumpir o la generación o el transporte o la distribución de energía eléctrica, en determinados países que no actualizan sus infraestructuras informáticas.
Esto fue verificado en 2010 con el 'gusano' Stuxnet utilizado en la operación Nitro Zeus, de USA e Israel contra Irán.
El espionaje masivo de USA fue corroborado en filtraciones que afectaron desde Dilma Rousseff a Angela Merkel en días de Barack Obama en la Casa Blanca. En el caso de Rousseff, podría afirmarse que el relato es conspirativo si no existiera la verificación en sede judicial que fue una agencia de inteligencia privada estadounidense la que estuvo en 2005 detrás de la denuncia que impactó a quien era el jefe de Gabinete de Dilma, José Dirceu.
Es sugestiva la sinergia entre los servicios de inteligencia, públicos y/o privados, con los sistemas judiciales. Y esto se ha verificado también en la Argentina.
En 1977, circunstancialmente yo estaba en Nueva York cuando se cortó el suministro de energía eléctrica que se conoció como 'NY Blackout', de efecto devastador si se extiende más de 24 horas y en día de la semana laboral. Sin duda, fue algo de lo que logró escapar Buenos Aires en esta ocasión.
En forma llamativa, los días previos del corte de energia del 16/06, tanto The New York Times como The Wall Street Journal publicaron, y se hizo eco el diario Clarín, que en América del Sur la nueva Guerra Fría entre USA y Rusia se libraba en las redes eléctricas.
Por supuesto que se referían a Venezuela pero la fragilidad de la infraestructura también es argentiva y la obliga a tomar recaudos. No todo se circunscribe a multas a empresas en el marco de una campaña electoral por una crisis energética acerca de la que todavía no se ofreció respuestas sólidas a la opinión pública, la comunidad de usuarios del servicio.
A propósito de estos acontecimientos y las elucubraciones derivadas, los eventuales dirigentes locales 2019/2023 deberían estar más preocupados por la economía estadounidense, y el sesgo que está tomando. También deberían seguir con atención su eventual impacto en el año preelectoral en curso. Por ahora, la sociedad argentina asiste a los comentarios que provoca la casi generalizada 'borocotización' de la política, y las visibles incompatibilidades en las innovadoras fórmulas presidenciales. Pero no puede acotarse todo a ese nicho.