Los expedientes acumulados se cuentan por millones, y la necesidad de dar respuestas a las necesidades ciudadanas no es satisfecha.
En una sociedad ambivalente y polarizada como la nuestra, algunos sostienen que el Estado debe ser garante y promotor del trabajo prácticamente sin restricciones y de manera expansiva.
Mientras, para otros, la estructura estatal es uno de los mayores obstáculos para la integración verdadera de las necesidades civiles.
Frente a estas dos posturas, nosotros oponemos una tercera posición, fundada en evidencia empírica y amparada en criterios técnicos objetivos: “El Estado adolece de los cuadros técnicos adecuados para dar satisfacción en tiempo y forma a las necesidades de la ciudadanía”.
Aunque resulte odioso o difícil de asimilar, debemos asumir que el entrenamiento y la idiosincrasia del trabajador medio del Estado no se traducen en los resultados o eficiencia estadística que sí se obtienen en el sector privado.
No nos queda otra alternativa que asumir una postura crítica, habida cuenta de la evidencia empírica: la burocracia pública y la falta de una modernización genuina del Estado colaboran con el hastío de la ciudadanía, abrumada por trámites tediosos que no se relacionan con la solución de sus problemas.
También es cierto que faltaron los incentivos adecuados y que sería a todas luces injusto descargar toda la responsabilidad en los funcionarios de nivel medio o inferior, puesto que la clase política y dirigente no estableció políticas públicas de mediano y largo plazo.
Los cambios de funcionarios de alto nivel de manera casi permanente y la alta rotación en las esferas políticas degradaron el espíritu de la gestión por resultados. Incluso hay una notable desproporción entre la cantidad de profesionales del derecho, la economía y la política en cargos y funciones en los que el conocimiento técnico es fundamental.
Mientras que algunos puestos laborales requieren continuidad y permanencia (estabilidad), otros, por el contrario, tienen una dinámica propia que puede requerir de una alta rotación, sin que por ello se vean afectados ni vulnerados los derechos laborales del trabajador. En este orden de cosas, se torna imperioso realizar los cambios estratégicos, poniendo cuadros técnicos y capacitados allí donde son más necesarios.
Sólo asume los cambios quien puede ver el futuro próximo y mediato. De no tomar las medidas adecuadas, será imposible transformar viejos paradigmas en la nueva simiente de una sociedad desarrollada y tecnológicamente preparada.