El oficialismo, es obvio ha desencantado a propios y extraños, la oposición parece relamerse con esa “decepción” generalizada y practica una suerte de sadismo esperanzador hundiendo y escarbando sus uñas en esa sima de fango, soberbia sin causa y ahora desconcierto que tardíamente ensaya una suerte de suave y no creible palinodia.
Todos los que están a favor y en contra han construido esta sociedad de la “decepción” en la que el optimismo suena como ingenuidad extrema y el escepticismo como virtud suprema.
La desconfianza, consecuencia obvia del escepticismo, es el distintivo con el que una gran mayoría iremos a votar, dado que ninguno de los votantes tenemos idea de que se nos proponen como objetivos políticos y políticas prácticas, como se usarán nuestros impuestos y como se atenuará la insoportable presión fiscal, como se reducirá el gasto, como se implementará una nueva política social que pase de lo que llamaría “limosna” actual, concepto asociado al de caridad a un concepto de suma remunerativa, asociada con el concepto de “dignidad”, condicionada al cumplimiento de algún tipo de obligación legitima.
Estas propuestas deberían ir acompañadas de un programa económico que posibilite frenar la inercia inflacionaria, que garantice una genuina estabilidad del tipo de cambio con tasas de interés que faciliten el acceso al crédito y con una fijación de etapas en las que se deberían hacer las ponderaciones secuenciales para medir si los resultados propuestos fueron logrados y en su caso las rectificaciones pertinentes.
Será esencial, dentro de ese programa económico delinear una política remunerativa para el trabajo dependiente que necesariamente deberá limitar los salarios máximos para garantizar en lo posible el mayor acceso posible a la canasta básica total familiar que es la que marca el límite de la pobreza.
Aplicando un principio netamente liberal no debería haber ninguna persona que no alcance ese nivel mínimo de ingreso.
Un profesor de la Pontifica Universidad Católica de Chile, Matko Koljatic explicaba el 6 de junio de 2019 en el portal www.df.cl sobre una encuesta hecha por la revista Fortune a los CEOS de sus 500 empresas más grandes de EEUU, en la que se preguntaba.
a) El capitalismo está en crisis y necesita una revisión importante para servir mejor a la sociedad,
b) el capitalismo no está en crisis peso se beneficiaria de algunas revisiones para servir mejor a la sociedad y
c) el capitalismo funciona bien como está.
Solo el 5% eligió la primera y el 71 la segunda; el resto la ultima.
Ahora bien como los resultados sorprendieron, diría por su egoísmo, se decidió encuestar a los suscriptores de la revista y los resultados fueron muy diferentes,
El 33% votó por la primera alternativa y solo el 11% por la última, obviamente el resto optó por la segunda.
Es obvio que existe una percepción en el sentido que el capitalismo actual debe adaptarse a los tiempos.
Pienso que la mentalidad del oficialismo responde a la segunda pregunta por eso optó por un gradualismo que pretendió ser incruento, me endeudo en vez de buscar analizar y resolver las cuestiones de la Argentina, y con eso veo que pasa. Fueron malos parches o si se prefiere una muy mala vulcanización en un neumático ya vencido en su vida útil. En una palabra dinero gastado al cuete.
Por el contrario la oposición hubiera elegido la primera respuesta, pero como única propuesta, sin importar el después.
Con esto quiero decir poco nos importa si Sergio Massa acuerda con uno o con otro, si el oficialismo se integrará en la fórmula presidencial con mengano, sutano o perengano y sus respectivos femeninos, si alternativa Federal se desintegra o cuenta como una suerte de feto abortado, si Consenso 19 supera o no ese número de votantes, aunque entre ellos habrá que optar, jamás elegir, o entre quienes se trafican los votos.
Quizás habría que reclamar como se les cuenta a los chicos de primer grado cuando celebran el primer 25 de mayo en las escuelas, “el pueblo quiere saber qué mierda van a hacer….”