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El voto cantado de Verbitsky

El texto de Horacio Verbitsky en el diario K Página/12 no deja duda alguna acerca de cuál es su voto hoy domingo 11/08: más K, siempre K, recontra K.
 
"(...) Los éxitos pasajeros del Plan Austral y de la Convertibilidad fueron fundamentales para las primeras victorias legislativas de Alfonsín y Menem, así como la prolongada recesión de fin de siglo contribuyó al fracaso presidencial de Duhalde y a la derrota legislativa de la Alianza. La vigorosa recuperación posterior se reflejó en las elecciones ganadas por el Frente para la Victoria, y el comienzo de la crisis internacional en su primera derrota. Con pasmosa sinceridad, el senador radical Ernesto Sanz manifestó este año el deseo de que la economía no repuntara hasta el momento de las elecciones. Como explica el mejor racionalizador del kirchnerismo, el sociólogo Artemio López, el descenso del desempleo al 7,2 por ciento, el aumento de jubilaciones y pensiones en un 31,8 por ciento (con 7,3 millones de beneficiarios directos) y del Salario Mínimo, Vital y Móvil en 25,2 por ciento; los incrementos salariales en más de dos mil convenciones colectivas paritarias en un promedio del 24,2 por ciento; la actualización de la Asignación Universal por Hijo del 35,3 por ciento (que impacta sobre 3,6 millones de menores de 18 años residentes en 1,8 millones de hogares donde conviven 7,2 millones de personas en total), dan un marco muy distinto al de 2009. Entonces no existía la AUH, el desempleo era un punto porcentual más alto que ahora y el PIB cayó un 3 por ciento. En el momento de las elecciones de octubre, el crecimiento anualizado rondará el 7 por ciento, condición más afín a la de 2005.
 
El cínico senador italiano Giulio Andreotti parafraseaba una sentencia emblemática de Lord Acton y decía que el poder desgasta... a quien no lo tiene. Del mismo modo, el desgaste del kirchnerismo no pasa por ahora de una expresión de deseos de quienes sueñan con asistir al fin del ciclo iniciado en 2003: políticos de la oposición, grandes empresarios de distintas ramas, medios de comunicación, eclesiásticos deseosos de cumplir con la consigna papal de echarse a las calles para hacer lío (que tuvo una magra respuesta en el minicaceroleo del jueves). El candidato de esos sectores es Massa, quien los visitó en el Consejo Interamericano de Comercio y Producción (CICYP), una organización de lobby muy próxima a las embajadas de Estados Unidos y Gran Bretaña.
 
Ante una nutrida asistencia de hombres de negocios, no expuso proyectos como diputado sino un programa presidencial: seguridad jurídica para las empresas privadas, desideologización y desregulación, reformulación de alianzas internacionales, generación de confianza para atraer inversiones, superación de fricciones con “el campo”, mejora de la competitividad industrial tocando el tipo de cambio; mirar al futuro y no al pasado, volver a endeudarse en el mercado financiero; permitir que los bancos vuelvan a intervenir en el sistema jubilatorio, como proveedores de seguros de retiro complementarios; establecer una política de metas de inflación, lo cual implica ajuste sobre salarios y gasto público; luchar contra la corrupción, replantear la política energética y garantizar la independencia de la Justicia. Sin perdonar un solo lugar común, Massa hizo honor en ese discurso a la abigarrada transversalidad de todas las derechas que expresa su lista de candidatos. Esa política ya se aplicó, con resultados tremendos, pero antes de ganar Menem sólo hablaba del salariazo y la revolución productiva. (...)".

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