A pocos metros de ella, se alza la Catedral de Buenos Aires, en cuyas dependencias habitó durante años, Jorge Bergoglio, el ex Arzobispo de Buenos Aires y ex jefe de la Iglesia Católica de la Argentina.
El matrimonio sureño llegó a uno de los edificios simbólicos que rodea la Plaza de Mayo por la elección combinada, en principio, de Eduardo Duhalde y luego del sufragio popular.
El cura Jorge llegó a la Casa Mayor de la fe católica del país por la elección del papa Juan Pablo II.
Los Kirchner y Bergoglio fueron verdaderos “vecinos en guerra”, por impronta y decisión de los primeros.
Las diferencias entre unos y otros son abismales.
Los rasgos distintivos de la familia Kirchner son:
• Glotones del poder eterno y total.
• Carentes de escrúpulos para conseguir sus objetivos.
• Buscadores constantes de enemigos.
• Predicadores de la división entre hermanos, del odio.
• Apegados al dinero.
• Insaciables de lo material.
• Utilizadores del pobre para su propio beneficio.
• Falaces.
• Intolerantes y soberbios.
Los rasgos distintivos del cura Jorge son:
• La humildad.
• El amor por el prójimo.
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• Bondadoso.
• Caritativo.
• Amante de la verdad.
• De escasas y precisas palabras.
• De elocuentes gestos.
• Defensor acérrimo del amor entre hermanos.
• Inquebrantable defensor de los valores y de la ética.
• Despojado de lo material.
• Espiritual.
• Con actitud de servicio.
Los Kirchner desairaron a Bergoglio con sus reiteradas ausencias al tedeum del 25 de Mayo en la Catedral Metropolitana. Lo criticaron. Lo despreciaron con las múltiples negativas de Cristina a los pedidos de audiencia formulados por el cura Jorge.
Jorge Bergoglio se ganó ser un enemigo de los Kirchner al decir verdades que siempre los ofuscaron. Ya en 2007 Bergoglio denunciaba lo que hoy es aún más evidente
“Tantas desuniones, tanta gente abandonada o sola como un perro, tantos chicos que no tienen zapatillas o comen mal”.
“La gente está cansada de tanta guerra, de tantas peleas y de tanto odio a rolete”.
“Hay que mirar a los demás, servir a los demás y no creerse poderosos o que somos los mejores”.
Jorge Bergoglio, el cura, Arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, un día de 2013, llegó a Roma para asistir a a la elección del reemplazante del renunciante papa Benedicto XVI.
Cristina Kirchner, decidió se armara una carpeta engañosa que desposicionara a Bergoglio frente a la posibilidad de que este fuese elegido nuevo jefe de la Iglesia Católica del mundo.
Nada sirvió.
Hoy el cura Jorge, transformado en el papa Francisco se ha transformado en un líder indiscutible de la humanidad, sin diferencias de creencias.
La historia se dio vuelta, ahora, Cristina Kirchner necesita mostrarse cerca de Bergoglio.
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Francisco uno de los primeros gestos que tuvo es haber recibido a la presidente de los argentinos; la que lo despreciaba y denigraba cuando era su vecino.
El cura Jorge, Francisco, una vez, en 2007, dijo:
“Sólo aquellos que aman se abajan a quienes más necesitan, sólo quienes se dejan perdonar por Jesús pueden perdonar”.
Jorge Bergoglio, el papa Francisco, demostró en 2013, una vez más, que predica y vive en consecuencia.
Cristina Fernández de Kirchner sigue estando en las antípodas de su su ex vecino Bergoglio, hoy Francisco.
Ella necesita de Francisco para seguir alimentando sus ambiciones personales.
Cristina no aprendió nada de su ex vecino; por más que se haya acabado la guerra; donde triunfó el amor, como en las películas de Hollywood.
Incluso Francisco de todos, sigue siendo el de siempre, el cura Jorge.