
por JORGE HÉCTOR SANTOS
Twitter:@santosjorgeh
El miedo que impone una dictadura democrática en gestación o la habitualidad a hechos que ya no asombran, o tal vez parte de la justicia que ya no es independiente del Ejecutivo mientras la otra parte está lidiando por su subsistencia; pueden ser las causas individuales o conjuntas que expliquen esta aberrante falta de reacción general.
Lo que sucede con Cristina Fernández viuda de Kirchner llevándose impunemente por delante las leyes de la Nación y hasta la propia Constitución superaría cualquier imaginación, sino fuera por esa Venezuela que cada día está más cerca; aquel temible espejo del régimen ambicionado por la primera magistrada.
Cada día son menos los que pueden creerle a la inquilina del sillón presidencial, quien además de desatender los problemas que aquejan a la gente, los vive despreciando o usando para su único interés; ganar elecciones y perpetuarse.
Lo perverso también está presente en esta situación, los que no se avienen al pensamiento único son los que sufren; mientras Cristina Fernández lo goza.
Solo aquéllos que funcionan por obediencia debida, por conveniencia o por odio a los demás, son los que aún pueden fanatizarse con la mujer que viste de negro.
De la Rosada no emergen políticas. Surgen parches, operaciones y campañas publicitarias con eslóganes embusteros que tratan de vender lo cada vez resulta más inverosímil comprar.
Las variadas y múltiples maneras de hurto de los recursos de todos más el uso propagandístico de gran parte de ellos; así cómo las supuestas compras de votos de diputados, vienen incrementando el descrédito popular de la huésped de Olivos.
En buena parte de la población se advierten signos de agotamiento, de ira, de desazón por el crac que se avizora como irremediable; mientras su presidente mira otra película y la oposición se debate en su propia ruindad.
Las palabras libertad y justicia se van amortizando aceleradamente en el mandato de Cristina.
No obstante, la humillación a la democracia y a la República no ha terminado.
Aún se deben esperar nuevos hechos que asombrarán a la ciudadanía.