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Hoy, Scioli en el Único (y las dudas de siempre)

El gobernador Daniel Scioli mantiene su búsqueda de identidad que, para algunos, es indefinición: él reivindica a Néstor Kirchner aunque con algunas diferencias, motivos por el que Kirchner lo vapuleó en muchas ocasiones a Scioli; él reafirma su lealtad a Cristina Fernández aunque con límites, fundamentos por el que los simpatizantes de ella lo critican a diario y la Presidente hasta intentó en varias veces arrinconarlo. Para unos, él es neokirchnerista; para otros, él es casi opositor, pero también hay quienes afirman que es el único que puede garantizarle a Cristina una retirada ordenada. En fin, hoy va Scioli.

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El viernes 14/12, en el partido bonaerense de Tres de Febrero, donde el Partido Justicia bonaerense realizó su Congreso extraordinario que ratificó la convocatoria a elecciones internas para el 31/03/2013, oportunidad en la que renovará autoridades y reformará la carta orgánica, Daniel Scioli dijo:
 
"Me van a encontrar honrando esta responsabilidad que me confió Néstor y que me renovó Cristina para poner lo mejor de mí desde lo político y lo humano . Es lo que aprendí como un buen peronista: ser leal".
 
"Les pido ayuda y colaboración", dijo Scioli a los congresales antes de invitarlos al acto que esta tarde (sábado 15/12) realizará en el Estadio Único de La Plata.
 
Precisamente sobre ese evento escribió Roberto García en el bisemanario Diario Perfil:
 
"Si hoy Daniel Scioli colma el Estadio Unico de La Plata con más de cincuenta mil asistentes, su acto transcurre con cierto orden, alegría, y no se empaña con imponderables típicos de la política peronista, podría asegurarse que lanza algo más que su candidatura presidencial. También lacra la ventana por la cual las huestes de Cristina Kirchner se asoman, de tanto en tanto, para sostener que la postulación de Ella sigue viva. Es como si el tradicional reloj de pared suizo dejara de funcionar, ya no entra cronométricamente un muñequito mientras sale el otro: ahora queda uno solo. 
 
De ahí que Scioli nunca le haya impuesto tanto empeño a la organización de un evento. Singularmente, a pesar de dos décadas de ejercicio público –funcionario, legislador, vicepresidente, gobernador– por primera vez no es partenaire, se consagra para un espectáculo unipersonal como Madonna aunque aparezca disfrazado por las bondades de un equipo y de innúmeros intendentes sobre la gestión en la provincia de Buenos Aires. Guste o no, ese es el plan en el tablero de arena.
 
Parece prematura esa nominación implícita a tres años del cambio presidencial, mucho más el epitafio sobre quien no sólo se resiste al inevitable cese del mandato sino que aún persiste en la quimera de la perpetuidad. Ni Fausto ni Goethe, ni un pacto literario o metafísico hoy se lo habilitan. 
 
Más, habría que considerar que Scioli se arroja al vacío anticipadamente con más temeridad que voluntad, quizás porque ni él gobierna sus propios tiempos: lo que empieza a cristalizarse desde hoy parece una irreverencia con la situación de hace apenas tres meses, cuando estaba bajo el agua porque no podía pagar los sueldos y el aguinaldo, menos enfrentar al sindicalismo docente, el Tesoro nacional le negaba cualquier asistencia, su secretario de Seguridad boqueaba por las acechanzas de su colega en la Casa Rosada y el vicegobernador Gabriel Mariotto deslizaba la posibilidad con La Cámpora de configurarle un juicio político (disponían del número) para desplazarlo de la Gobernación. 
 
Tan sólo, entonces, había insinuado como pecado que pensaba en la Presidencia siempre y cuando Cristina desistiera de convertirse en Eterna.
 
En menos de noventa días, sin embargo, aparecieron mágicamente los fondos tras un enjuague privado, la Presidenta mantuvo el goteo de la coparticipación, los pagos de sueldos están disponibles, los sindicalistas confiesan que han obtenido del gobierno provincial más de lo que pedían, la estrella de Ricardo Casal brilla más que la de Nilda Garré y su influyente núcleo de serviciales, Mariotto fue extraditado a una estación siberiana y La Cámpora bonaerense se interesa más en el reparto de grajeas que en las modificaciones institucionales. 
 
Entonces, para Scioli, el momento es hoy, más precisamente en el estadio. Y si hace tres meses no veía a Cristina, apenas si Ella le atendía el teléfono y debía sucumbir al cotidiano humor femenino, para los próximos tres años tal vez esa relación se haya invertido y ni hablar de lo que luego vendrá si llega al Ejecutivo, cuando deba proceder al cultivo de una mata protectora sobre los doce años del kirchnerismo. Finalmente, él es un hijo de ese proceso revolucionario aunque no comparta el “vamos por todos”. Se supone.
 
La fotografía indica que hoy también le habrá sacado varias brazadas a José Manuel de la Sota, aún incapaz como en los tiempos de Eduardo Duhalde para horadar la opinión en el centro del poder portuario, cubrirá a su pretencioso socio y sostén Sergio Massa (silbado por el gentío propio en el partido de Federer-Del Potro y abucheado al día siguiente en un acto de Cristina con el aval de su ministro Julio de Vido) y, en tren de competencia, también parece aventajar a un Mauricio Macri que –para mitigar la distancia– comenzó a sacudirlo con una imputación vergonzosa de “kirchnerista” que a Scioli ni parece sonrojarlo. 
 
Más bien sonríe cuando el ascendente Miguel del Sel (apodado en Santa Fe como “Movistar” porque nunca será “Claro”), desde esa tierra se considera gobernador futuro con la venia de su jefe natural, Macri, y la de su amigo Daniel. Como si ambos fueran lo mismo, aunque tal vez no le falte razón. 
 
Tiene Scioli, aparte de los números que le proveen las encuestas (en las que debe gastar más de la mitad de su sueldo) otro adicional para la fotografía: sabe que Jaime Durán Barba le ha dicho al jefe porteño que si en los sondeos hay mucha diferencia entre él y Scioli, debe prudentemente retirarse de la contienda presidencial. Habrá que insistir, sin embargo, en que la descripción narrada sólo retrata la instantáneo del lanzamiento de hoy, imposible garantizar el cuadro para los años que faltan, recordando además que la panorámica no incluye a otro sector menos numeroso, pero significante que reúne a radicales y socialistas.
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Tampoco se debe olvidar que el material más inestable de la política, el oficialismo, ni por asomo acepta este veredicto temporario. Y añadirá más luchas a su lucha, alterará o sumará enemigos (ahora más la Justicia que Clarín, aunque no cejará contra el Grupo, como ha expuesto el fallo católico del juez Alfonso), quizás como los salmónidos (¿no deberá Cristina leer a Konrad Laurenz, quien hace cuarenta años le dedicó un libro a esta especie, para expresarse con más propiedad sobre sus conductas?) retomará un curso adverso y, cuando amenazaba no trabajar en verano como siempre hizo el kirchnerismo, se dedique afanosamente en las nuevas extraordinarias a crear proyectos y sanciones personales. De limitar y acosar a los jueces antes amigos ahora enemigos a la desintegración del Código Civil, con el que pensaba pasar a la historia el titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti (como sacaron la ley contra Adelmo Gabbi y la Bolsa).
 
Es una muestra de que no desiste de sus ambiciones, la re-reelección, ni la revolución de la que nunca escribieron una línea. Aunque en el camino se desfleque, pierda adhesiones y hasta oculte seguidores por falta de fidelidad extrema, como ya ha hecho con sus máximos representantes en el Congreso, sea el santafesino Agustín Rossi o el rionegrino Miguel Pichetto, suplantados por figuras de opaca trayectoria (Marcelo Fuentes, por ejemplo).
 
Aunque en ese embrollo de preferencias y réprobos, de pronto deba rescatar a alguno, como probablemente hagan con Pichetto, llamado a ser en febrero el reemplazante de Beatriz Rojkes como figura sucesoria de Cristina, según la Constitución. Ya provoca alarma hasta en el kirchnerismo el rol poco solvente de esta dama tucumana, quien como su marido –el gobernador José Alperovich– igual cumplen con los designios instruidos desde la Casa Rosada: este año no veranearán en su dúplex de Punta del Este porque Ella no quiere que su gente aparezca en el exterior y sea expuesta consumiendo dólares. Como si eso fuera parte también de la revolución nonata.

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