La remoción de Righi nos recuerda la caída de otra figura emblemática de la etapa montonera del peronismo cuatro décadas atrás, la del ex canciller Jorge Taiana, destituido a mediados de 2010, supuestamente por filtrar información al demonizado grupo Clarín sobre la disputa con Uruguay por la pastera.
Parece que el pedigrí de Righi como peronista de los viejos tiempos y su comprobada lealtad no bastaron para protegerlo de cierto resentimiento presidencial por no ejercer un control más estricto o guardar silencio cuando se trataba de mantener a raya a los fiscales o negarle a la prensa la información judicial, respectivamente.
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Dado que la lealtad de Righi incluyó en su momento la defensa del matrimonio presidencial, de los ministros Julio de Vido y Carlos Tomada, y hasta del secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno, Righi también podía ser el clásico “hombre que sabía demasiado” (por más que ésta sería también una razón para preservarlo).
Todo esto podría hacer parecer ahora a Righi como una especie de mártir, aunque cargue con más pecados de juventud que la mayoría.
Como ministro de Interior en 1973, redefinió a todos los terroristas encarcelados como “presos políticos” y les concedió la amnistía; si aquellos miembros de las fuerzas de seguridad que luchaban contra el terrorismo en el marco de la ley quedaron, en consecuencia, como tontos a los ojos de sus colegas más brutales, Righi debería compartir la culpa por ello.
Mientras CFK sigue rejuveneciendo su gobierno (que no es tan nuevo como sugieren algunos formadores de opinión; ¿recuerdan La Coordinadora bajo Raúl Alfonsín?)…
¿Será posible que casi medio siglo después del nacimiento del “peronismo sin Perón”, estemos viendo el advenimiento de “La Cámpora sin Cámpora”?