Víctor confesó que no tiene más que los recursos que le van procurando sus familiares que viven en Mar del Plata para afrontar los gastos que surgen.
Un padre desesperado dijo que no iría a ninguna reunión con la presidente porque lo usarían para la foto y luego se olvidaría de él y de Florencia. Está descreído de todo. Supone que nada va a pasar en la justicia y que el caso morirá sin solución y sin culpables con el paso del tiempo.
Florencia ya nunca más será la misma. Su vida quedó pulverizada en la tragedia.
Un relato desgarrador de la ausencia del Estado, que es efímero; en realidad del gobierno que lo administra.
El mismo gobierno que emplea más de US$ 300 millones por año (sin contar los cuantiosos gastos operativos que se desconocen) para subsidiar con el dinero de todos, inclusive que aporta al Estado Víctor y Florencia, el llamado ‘Fútbol para todos’.
Ese mismo fútbol que según había anunciado la presidente de la Nación, no iba a sacarle dinero a los argentinos, porque iba a financiarse con la publicidad privada e incluso ganar dinero que sería usado para solventar el deporte amateur.
El ‘Fútbol para todos’ no solo no tiene publicidad sino que cuenta con enorme publicidad mucha de ella mentirosa del gobierno nacional.
Esa montaña de dinero se emplea para financiar clubes de fútbol que: en gran parte no son viables; otros cuya dirigencia se enriquece mientras las instituciones que manejan están quebradas. A eso hay que agregarle que parte de esos fondos sirven para mantener barrabravas.
Como tampoco ese dinero alcanza para cubrir semejante agujero devorador de ingentes sumas de fondos aportados al Estado por todos los argentinos; hoy nos enteramos que el Banco Nación ya concedió a la AFA un préstamo a tasa cero por $230 millones.
Si algo falta para ampliar este cachetazo a la sensatez basta señalar que en 6 fechas del torneo Clausura el ‘Fútbol para todos’ arrojó un rating de 4.3 puntos.
Mientras tanto, Florencia y su padre Víctor, damnificados de la corrupción que mata, se debaten con el trago amargo de una chica cuya vida nunca volverá ser la misma y de un gobierno insensible, ausente e incapaz; sumado a una justicia inexistente.
Florencia y Víctor están desamparados. Y, ellos, son solo un ejemplo de tantos otros argentinos que arrastran sus penurias a lo largo de una geografía rica, simplemente merced a la gracia de Dios.