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Cristina recibió a Roger Waters, no a Macri ni a familiares de Once

En medio de conflictos y de una enorme tragedia la presidente de la Nación dio muestras de qué le importa y de qué se desentiende. La verdad de lo importante queda postergada por el relato de un país fantástico (para Ella).

 

por JORGE HÉCTOR SANTOS
Twitter:@santosjorgeh
 
 
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El discurso de la presidente Cristina Fernández viuda de Kirchner, inaugurando las sesiones ordinarias del Congreso, tan solo 6 días atrás fue significativo por 3 hechos:
 
> Se comprobó una vez más que Cristina es muy buena oradora.
 
> Batió un registro histórico, habló 3 horas 17 minutos.
 
> Relató un país que para Ella es cuasi paradisíaco comparado con los vecinos e incluso con los desarrollados.
 
Los fanáticos obsecuentes del relato lo describieron como “excelente”; otros, los críticos, llegaron al extremo contrario, lo consideraron “lamentable”.
 
La escenografía que rodeaba a la alocución de la primera magistrada podría causar para algunos una cuota de simpatía, y para otros una de inmensa desazón.
 
El superministro Guillermo Moreno, el por estos días angoleño, que recibe a empresarios con un revólver sobre su escritorio, había llevado sus artículos de cotillón compuesto por globos y alfajores con la leyenda “Clarín miente”.        
 
Un grupo de jóvenes amamantados con buenos dineros en sus bolsillos asignados por el hijo de la presidente, Máximo Kirchner, aglutinados en la agencia de colocaciones "La Cámpora", cantaban consignas de cuando ninguno de ellos había nacido, los años 70, descargando en las mismas la violencia de esos años, por demás desubicadas para un acto de los más emblemáticos para un gobierno supuestamente democrático.
 
La Presidente ese día hacía su segunda aparición pública después de la tragedia de Once donde el gobierno tiene una inexcusable responsabilidad por haber mantenido subsidios sin control de uso alguno a concesionarios que están unidos por oscuros intereses con funcionarios de primer nivel del Gobierno, el cual además no ha hecho nada frente a informes de los organismos de control del propio Estado que daban cuenta de las condiciones deplorables del material rodante, señalización, mantenimiento y servicio.
 
La complicidad de empresarios con funcionarios públicos y la corrupción son causas de un hecho luctuoso que podría haberse evitado.
 
Sin embargo la  presidente soslayó el tema desde lo humano y desde su responsabilidad como jefa máxima de la administración de la cosa pública.
 
Abordó de una manera que debió irritar mucho a los familiares de las víctimas, a los heridos y a todos los argentinos que no forman parte de la legión de simpatizantes que la siguen. Dineros que podría haberse destinado a ferrocarriles y hasta el tren bala fueron un cachetazo al dolor y a las palabras que en ese ámbito se espera de una jefa de Estado.       
 
La soberbia y el autoelogio a partir de números, muchos de ellos falaces, regaron el extenso fárrago de palabras que configuraron una vez más una fábula que Ella cree es cierta.
 
El  discurso de Cristina encontró la violencia máxima cuando se ensaño con el jefe de Gobierno de la CABA, Mauricio Macri por el tema subtes de Buenos Aires, y tampoco los docentes se quedaron afuera de los agravios con los cuales acostumbra a poner en la vereda de enfrente a todos los que Ella considera sus enemigos, que cada día son más.
 
Buena parte de la corrupción y de la violencia, como la que acumula Hebe de Bonafini –entre otros- dieron marco al tramado argumental de la ficción país que verbalizó Cristina.
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Días antes ya en el acto en Rosario, al pie del monumento a la bandera, las cámaras de Canal 3 de aquella ciudad tomaron la imagen de una Cristina supuestamente real, que no llora para victimizarse, diciendo, mientras hablaba la intendente de la ciudad, “Vamos por todo” dirigiéndose al público -llevado- ubicado en primera fila.
 
El 6/3, con todas las heridas abiertas, en medio de un paro docente, de un desprecio enorme por los problemas que aquejan a los argentinos como la inseguridad, la droga, la inflación, las diputas con los movimientos obreros, de la crisis energética, de las restricciones a las importaciones, de la escasez de recursos después de épocas de bonanza inaudita, el aval del gobierno a la mega minería, la Ley Antiterrorista, el Proyecto X, etc., la presidente recibió en la Casa de Gobierno, rodeada de madres y abuelas de plaza de Mayo, al cantante británico Roger Waters.
 
Ud. con qué país se queda, con este del desprecio a la realidad (que es la realidad de Ella), o con el país con otra realidad que es la suya ciudadano de a pie que camina las calles del país y viaja en los medios de locomoción públicos que según la presidente decía hace muy poco estaban entre los mejores de América.
 
Ud. con qué país se queda con el que la presidente recibe a quien dará nueve recitales en el estadio de River Plate o con el que la presidente no recibe ni a Mauricio Macri ni a las víctimas o familiares  de una tragedia que dejó 51 muertos y 700 heridos.
 
Nueve aforismos de Nicolás Gómez Dávila (*) quizás le ayuden a encontrar la respuesta a los interrogantes planteados:
 
1.- Las democracias tiranizan preferentemente por medio del poder judicial.
 
2.- El pueblo a veces acierta cuando se asusta; pero siempre se equivoca cuando se entusiasma.
 
3.- El pueblo no ovaciona sino al futuro tirano.
 
4.- La ridiculez de un gobernante no impresiona nunca sino a minorías impotentes.
 
5.- La compasión con la muchedumbre es cristiana: pero la adulación de la muchedumbre es meramente democrática.
 
6.- El pasado parece no haber dejado herederos....
 
7.- Lo único que garantiza un buen gobierno es una estructura política y social que sólo permita gobernar poco.
 
8.- El vicio que aqueja a la derecha es el cinismo, y a la izquierda la mentira.
 
9.- Le basta al gobernante actual proclamarse de izquierda para que todo le sea permitido y todo le sea perdonado.
 
Como dijo Séneca (**): “Sea esta la regla de nuestra vida: decir lo que sentimos, sentir lo que decimos. En suma, que la palabra vaya de acuerdo con los hechos”.
 
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(*) Nicolás Gómez Dávila, nació en Bogotá, Colombia, el 18/5/1913 y falleció en su ciudad natal el 17/5/ 1994. Fue escritor y filósofo;  también uno de los críticos más radicales de la modernidad. Fue reconocido a nivel internacional años antes de su fallecimiento, merced a las traducciones alemanas de algunas de sus obras.  Sus aforismos, a los que denominó escolios, están cargados de una ironía corrosiva, de inteligencia y de profundas paradojas.
 
(**) Séneca filósofo, político, orador y escritor romano conocido por sus obras de carácter moralista.

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