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Los polos entre los que navega el experimento libertario

El Milei de Davos, paladín contra la desaparición de Occidente, contrasta con el de la Argentina, que no logra aún conseguir su 'Ley ómnibus'.

En Davos, en la cima del mundo capitalista, Javier Milei se propuso como protector (o por qué no como salvador) de Occidente, que -según su muy particular visión- se encuentra bajo la amenaza del socialismo, que ha cooptado a los líderes del planeta haciéndolos abandonar “las ideas de la libertad” que tanta prosperidad trajeron hasta hace un siglo. En Buenos Aires, a 11.300 kilómetros de donde se celebró el tradicional Foro Económico Mundial, la escena era mucho menos épica, pero más urgente: los colaboradores del Presidente se extenuaban en agónicas negociaciones con la oposición más accesible para que no naufrague en el Congreso su proyecto de reformas. El éxito de esos esfuerzos, sin embargo, aún no está garantizado. Ambas postales describen muy bien los polos entre los que navega el experimento libertario: uno, el del relato ideológico con ínfulas refundacionales y por momentos fantasiosos; y el otro, de la realpolitik, en el que, a pesar de que lo repudia, el Presidente debe someterse, no sin dificultades, al ejercicio cotidiano de la rosca y la negociación con la deplorada “casta” para que su gobierno pueda avanzar.

En Davos lo único innovador de Milei fue el escenario. Allí repitió el credo libertario que culpa al “colectivismo” de los males de la Argentina, peligro que ahora extiende a todo occidente. El Estado como enemigo que coacciona a través del cobro de impuestos y los empresarios como “héroes” y “benefactores” son conceptos que ya utilizó en discursos de cabotaje [incluída la cita a Alberto Benegas Lynch (h), muy bien recibida por… Alberto Benegas Lynch (h)]. Tal vez lo más sorprendente del mensaje leído haya sido la igualación de nazis con social-demócratas, progresistas, populistas y un largo etcétera, toda vez que, dijo el Presidente, “sostienen que el Estado debe dirigir todos los aspectos de la vida de los individuos”, un modelo, agregó, contrario al progreso. Está claro que Milei fue a Davos a mostrarse más como un teórico económico que como un Presidente, que al fin y al cabo es la máxima expresión política del Estado que él mismo se encargó de demonizar.

La conferencia completa de Javier Milei En Davos

¿A qué fue Milei a Suiza? Usualmente el Foro Económico se presenta como una platea en la que se tienta a los empresarios a invertir en el país. Eso no ocurrió, y en la City se hablaba de una “oportunidad desperdiciada” por parte del Presidente de generar interés en los negocios locales con su alocución. Sin embargo, lecturas alternativas sugieren que Milei no fue a Davos a buscar inversiones sino a hacer eso que hizo: plantar una bandera y presentarse como un líder de la derecha mundial que le dice al capitalismo global que no está haciendo capitalismo. En definitiva, a generar interés, pero sobre sí mismo. El efecto inmediato habría sido el inverso: tras el discurso, el francés Emmanuel Macron, no precisamente un socialista, canceló la reunión bilateral que estaba prevista con Milei, que previo a su presentación se había encontrado con el canciller británico, David Cameron. Sí se reunió después de su exposición con Kristalina Georgieva, jefa del FMI, aunque se sabe por qué motivos específicos.

En la reunión con Georgieva, Milei habría reforzado el compromiso del Gobierno a cumplir las metas establecidas en la nueva versión del programa de Facilidades Extendidas que se reflotó durante una visita de funcionarios del Fondo al país. El objetivo fiscal es el de un superávit del 2%. Para ello Milei mandó al Congreso un proyecto de ley que incluye, entre otras cientos de medidas, aumentos de impuestos. El Milei de Davos no se parece en nada al Milei que tiene que gobernar la Argentina. El aumento de la recaudación se generaría a través de la suba de retenciones a las exportaciones. Allí se encendió el primer semáforo de los opositores dialoguistas, un bloque no uniforme que integran la UCR, el PRO y Hacemos Coalición Federal, que lidera Miguel Pichetto. Otro reparo era la derogación de la ley de movilidad jubilatoria, además del plazo de la emergencia que le da al Presidente facultades delegadas del parlamento. Los opositores también reclamaban control parlamentario para un eventual proceso de privatización de empresas públicas, del que deberían quedar excluidas YPF, el Banco Nación y algunas otras más.

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En el Gobierno rehúsan llamarle “negociación” a las conversaciones que entablaron con los dialoguistas, pero muy a pesar del Presidente y de las vueltas retóricas del vocero Manuel Adorni, de eso se trataron las reuniones que se desarrollaron en el despacho del titular de la Cámara Baja, Martín Menem, entre representantes del Ejecutivo y referentes de esos espacios opositores, y de las que resultaron una serie de modificaciones al proyecto de ‘Ley ómnibus’, como la reducción del plazo de delegación de facultades y el acotamiento de los ámbitos sobre los que regirá la emergencia. También se excluyó a YPF de las empresas sujetas a una eventual privatización (no así al BNA), y se retiró la imposición de retenciones sobre 35 economías regionales.

A pesar de los cambios, se mantiene la resistencia de un sector de la oposición a la aplicación de los derechos de exportación a determinados productos o la suba en otros que ya estaban afectados, tal el caso de las oleaginosas. Tanto en el radicalismo como en un sector del bloque de Pichetto rechazan votar cualquier suba de las alícuotas. Luego aparece el punto de la movilidad jubilatoria. El Gobierno proponía eliminar la ley vigente y reemplazarla con aumentos arbitrarios por decreto. Los dialoguistas reclamaron algún tipo de reaseguro para que los jubilados no perdieran poder adquisitivo. Se ofreció la continuidad de la ley actual o reemplazarla por un aumento mensual según la inflación. Pero en el texto con los cambios que el Ejecutivo difundió el viernes no había mención alguna a la cuestión, con lo que se interpretaba que se mantenía el artículo para derogar la movilidad previsional. Guillermo Francos después aclaró que las posibilidades discutidas en privado seguían en pie.

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Miguel Pichetto, jefe del interbloque Hacemos Córdoba Federal.

Con esas modificaciones se acercó la posibilidad de que el proyecto oficial obtenga dictámen de mayoría en el plenario de comisiones. Un cronograma que debe confirmarse indica que se podría firmar el despacho entre el lunes y el martes, y el jueves, bajar al recinto. El Gobierno insistió en llevar el proyecto al hemiciclo en paralelo con la movilización que la CGT hará el miércoles, lo que fue desaconsejado por los opositores. Las fechas son tentativas, ya que las negociaciones aún no terminaron. Los dialoguistas esperan el texto final del proyecto y no descartan que tras una revisión por parte del Presidente pueda haber alguna sorpresa indeseada. Pero ahora hay más tiempo para discutir, ya que Milei extendió el período de sesiones extraordinarias hasta el 15/02. Otra concesión en pos de conseguir más apoyos.

Pero Milei no evitó confrontar innecesariamente con el sector del que necesita. Volvió a acusar a los legisladores de buscar coimas y atacó al presidente de la UCR, Martín Lousteau, a través de un soez retuit. El mandatario también utilizó las redes sociales para agredir a las periodistas Luisa Corradini, por su cobertura del discurso en Davos para el diario La Nación, y María O’Donnell, por haber transmitido una información errónea que para cuando el Presidente disparó su furia ya había corregido. Estos casos, a los que se suma el de Silvia Mercado, llamaron la atención por su punto en común: una agresividad mayor del Presidente cuando se trata de periodistas mujeres. En Davos, Milei no dejó de señalar al “feminismo radical” como parte del avance de ese “socialismo” que denuncia. Qué coincidencia.

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La confrontación por la confrontación misma puede ser celebrada por la audiencia libertaria, pero no tiene la misma receptividad en el público general. De acuerdo a la última encuesta de la Universidad de San Andrés, el 60% de los encuestados opina que el Presidente debe “negociar” con el Congreso su agenda. En cambio, cree que debe "imponerla" sólo un 17%, bastante menos de lo que obtuvo La Libertad Avanza en la primera vuelta presidencial. Ese dato relativiza además el comentario del ministro de Economía, Luis Caputo, de que el programa que impulsa el Gobierno con la ‘Ley ómnibus’ “es lo que votó la gente”. Sobre ese proyecto específico, la encuesta de UdeSA señala que sólo el 38% está de acuerdo con él.

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Más negociación pide la gente, según la encuesta de UdeSA.

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