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Algunas personas de la comunidad LGBT cuestionaron a Pixar por ser "tibios" a la hora de mostrar diversidad sexual en sus películas. Ya sea por escenas breves o demasiado sutiles.
Hay que aflojarle al reclamo de la representación
Más allá de las quejas y el descontento de algunos, ¿tenemos que forzar la inclusión de personajes queer en las películas -y sobre todo en películas animadas- para que la comunidad LGBTIQ no se sienta discriminada? La respuesta corta es que no, pero hay muchos motivos por los que la ausencia de estos personajes no impacta negativamente en el mundo real.
Para empezar, no todas las historias tienen que incluir a todos los grupos demográficos para darles valor o algún peso significativo. ¿Acaso menos gente se identificaría con un personaje que tiene los mismos problemas cotidianos que todo el mundo sólo por ser blanco y heterosexual? ¿Habría que oscurecerle la tez, añadirle algún problema motriz y cambiarle la orientación sexual para que impacte en la película?
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Las historias de Pixar impactaron en todo el mundo, más allá de la raza, el sexo o la orientación sexual de sus protagonistas. Reclamar que haya representación siempre sería contraproducente y hasta negativo.
En un mundo donde sólo el 20% de la población mundial se identifica como no heterosexual (según datos de 2021), Pixar se encargó de demostrarnos una y otra vez a lo largo de décadas que pueden contar historias que resuenan en todos nosotros, más allá de la representación directa de cada grupo social en los personajes. El éxito crítico y comercial de estos filmes a nivel mundial nos prueba que el público busca identificarse con cuestiones menos superficiales que un color de piel o una orientación sexual (si no fuera así, Disney y Pixar no hubieran llegado a donde están).
Por otro lado, es importante recordar que muchas veces la inclusión forzada puede terminar siendo contraproducente. El escritor del siglo XIX Antón Chéjov decía que "si mencionas que tu personaje tiene un rifle colgado en la pared, debe descolgarlo en el siguiente capítulo; de lo contrario, elimínalo por completo". Con la diversidad sexual pasa exactamente lo mismo: la verdadera representación en una historia tiene que apoyarse orgánicamente en la narrativa, no añadirse al tuntún como una obligación, para cumplir con la cuota de inclusión. Exigir que cada película tenga personajes diversos puede terminar en representaciones superficiales o estereotipadas, lo cual haría más mal que bien.
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Otro ejemplo: "Luca", sobre un monstruo marino que se vuelve humano y se adapta a su vida en tierra firme junto a su amigo Alberto, fue tomado como una historia homosexual por la comunidad LGBT, que se decepcionó al saber que entre ambos sólo había amistad.
Por último, es importante reconocer los avances que se hicieron sobre este tema en las grandes producciones cinematográficas, por más que no tener una protagonista abiertamente queer en 'Intensa Mente 2' decepcione a unos cuantos. En lugar de centrarse únicamente en lo que falta, habría que celebrar los pasos adelante y pedir que si se hace un cambio, sea sostenido y real.
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