En coincidencia con la designación de Massa se derrumbaron los dólares financieros, el blue y el Riesgo País. Fue una bienvenida para una figura con capital político propio, alejado de las doctrinas del estatismo kirchnerista y con aceitados vínculos con el establishment económico y con USA (el saludo de Mauricio Claver-Carone, presidente del BID y hombre del Departamento de Estado debe leerse en esa última clave).
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Massa se retira y deja solo a Scioli para que se despida.
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El plan
¿Pero cuál es el plan? Massa prometió anuncios para el miércoles, luego de que se resuelva su alejamiento de la Cámara Baja y haya conformado su equipo. El movimiento de los mercados dio un indicio y entre los comunicadores kirchneristas asumen que habrá un mayor giro hacia la ortodoxia, aunque se esperanzan con alguna política de ingreso. En la City creen que puede haber apenas “pinceladas” redistributivas y que todo conducirá a darle curso al programa de ordenamiento macroeconómico pactado con el FMI.
Conseguir más dólares sería la apuesta inicial y, por lo tanto, clave el estímulo al campo, principal generador de divisas que retiene miles de millones de dólares en toneladas de granos a la espera de un mejor escenario. Ya hubo un contacto entre Massa y las entidades rurales de la Mesa de Enlace. Un gesto muy a contramano de algún intendente ultrakirchnerista que parece no haber leído el nuevo tiempo y propone expropiar los silobolsas para quedar bien con el sector más recalcitrante de su espacio.
¿Devaluación? En la agenda inmediata de Massa no estaría una corrección abrupta del tipo de cambio oficial sino acelerar el crawling peg para recortar el atraso y la brecha. En la medida que ingresen más divisas a las reservas la expectativa de una devaluación brusca mermaría, quitándole presión al dólar. En el Gobierno creen que no hay lugar para una maxi-devaluación al tener en cuenta el resultado de la inflación de julio, que podría acercarse al 8% como consecuencia de la corrida cambiaria de las últimas semanas que desencadenó remarcaciones. En el oficialismo lamentan que se estén pagando los mismos costos de una devaluación brusca aun sin haberlo hecho.
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Conseguir dólares, prioridad del plan Massa.
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Take Over
Además de su peso específico político, Massa llega con la certificación de Cristina Kirchner. A diferencia de lo que ocurrió con Batakis, cuando se esperaba algún gesto de aval de la Vicepresidente, la designación del líder del Frente Renovador surge de un acuerdo directo con la líder del kirchnerismo, que habría observado más que cercana una debacle. Horas antes de que fuera comunicado su nombramiento como ministro de Economía, Producción y Agricultura, Massa estuvo reunido con CFK en el Senado. Por otro lado, difícilmente Massa hubiera conseguido amplias facultades sin su bendición. En realidad, la movida fue vista como una suerte de hostile take over (una toma compulsiva) del gobierno de Alberto Fernández, quien evitaba un cambio radical en su staff convencido de que -como le dijo Pesce- la presión cambiaria aflojaría ni bien se disipe el frío que consume millones de dólares en importaciones de gas y que debilita las ya de por sí débiles reservas del BCRA. Esa visión no convencía ni a la Vice, ni a Massa, ni a los gobernadores que se reunieron el lunes con el jefe de Estado para reclamarle acciones inmediatas. Ya pedían abiertamente por Massa. Acorralado, Fernández tuvo que ceder, algo que intentó disimular en su primer mensaje tras el nombramiento.
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Alberto Fernández deja la Casa Rosada tras una intensa jornada que concluyó con el desembarco de Massa en el Gabinete.
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¿Qué queda ahora para un Presidente vaciado de poder? Hay que recordar que la Argentina es un país presidencialista, de allí que no debería darse por hecho que Fernández será un jefe de Estado testimonial, aunque los acontecimientos de los últimos tiempos indiquen que sí lo es. No extrañaría que ante un eventual éxito de Massa Fernández pretenda capitalizarlo y darse algún tipo de impulso. Tampoco hay que perder de vista anteriores intentos fallidos de darle al Gobierno “volumen político”. Aunque Massa se tiene toda la fe del mundo y su ambición presidencialista depende de que su plan funcione, dejó un mensaje para moderar expectativas: “No soy un salvador”.
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