El malentendido original
No hay que ser doctor en Ciencia Política para entender que en un balotaje el ganador triunfa con votos que no son suyos. Lo hace con sufragios prestados de una porción del electorado que ante 2 opciones elige la mejor. O la menos peor. Muchas veces se trata de una elección para evitar un presunto mal mayor. En los últimos comicios ese mal mayor se vio representado en una eventual continuidad del gobierno del exFrente de Todos. Así fue como Javier Milei sumó al 30% que cosechó el 22/10 26 puntos compuestos, en principio, por los votantes de Patricia Bullrich y algunos de Juan Schiaretti, postulantes que luego iban a participar de forma directa o indirecta en su gobierno. La motivación de cada elector para votar por Milei en la 2da vuelta es difícil de individualizar, pero se concluye que la argamasa que unió las voluntades en favor de la opción libertaria fue la necesidad de un cambio de régimen. Así Milei acumuló casi el 56% de los votos el 19/11. Pero sería un error concluir que ese 26% que Milei ganó entre la elección general y el balotaje y lo catapultó a la Presidencia suscribe incondicionalmente a su ideario o a su propuesta de gobierno. En la primera vuelta, de hecho, escogió otras opciones, y en el balotaje pudo inclinarse por el libertario sólo porque consideraba a Sergio Massa un candidato peor.
