El ranking se elabora sobre 235 indicadores, entre estadísticas "duras" como el desempleo, el PIB y el gasto gubernamental en salud y educación, y datos "blandos" que surgen de una encuesta de opinión a ejecutivos y que fueron 70 en el caso de Argentina. Esta información se divide en cuatro categorías: rendimiento económico, infraestructura, eficiencia gubernamental y eficiencia comercial, para dar una puntuación final para cada país.
Las mejores notas para el país fueron en infraestructura y eficiencia en los negocios. El informe destaca como positivo de la Argentina la concentración de las exportaciones, los precios de los combustibles, el costo de vida y los flujos de inversión directa en relación al PBI. Mientras que lo negativo es la inflación y la balanza de cuenta corriente, entre otras variables.
Asimismo, en la categoría “eficiencia del gobierno” IMD resalta las políticas inmigratorias, el ingreso disponible, tasa efectiva del impuesto a la renta personal, ingresos fiscales recaudados e inversores extranjeros. Las debilidades principales son la inestabilidad del tipo de cambio y el costo del capital, la política del Banco Central, subsidios, incentivos a la inversión, finanzas públicas, el fondeo de las jubilaciones y las regulaciones laborales.