Hubo una argumentación clave: Ambos embajadores de la exjefa de Estado reconocieron que la situación actual de la deuda externa no puede ser relacionada con la de diciembre de 2001. Se mencionó que en aquel tiempo, la declaración del default unilateral en la presidencia de Adolfo Rodríguez Saá incluía un conjunto de bonos que en un gran porcentaje habían sido contraídos durante la última dictadura militar; con lo que se justificaba políticamente una negociación amplia y dura. Como contrapartida, la nueva deuda fue contraída por un gobierno democrático asumido con el voto popular y luego del canje de deuda más grande de la historia mundial, protagonizado además en dos etapas del kirchnerismo. Este pasivo tiene entonces, a los ojos del kirchnerismo, una legitimidad que diferente con la del anterior default.
En definitiva, los dos interlocutores le dejaron claro a los visitantes una máxima que se cumpliría en un eventual gobierno de Cristina Fernández de Kirchner: la deuda privada se respetará y bajo ningún punto de vista, se negará. Lo que no quiere decir que en la deuda de corto y mediano plazo, no pueda haber algún llamado a renegociación de vencimientos; pero de manera voluntaria y de 'buena fe' entre las partes. Obviamente no hubo mayores precisiones sobre la profundidad y velocidad de esas eventuales negociaciones, pero hubo insistencia en la frase 'buena fe'".
Esto último está dentro de las expectativas del FMI, cuyos representantes en la región y en el país se reunieron con Roberto Lavagna y aclararon que es muy probable que se renegocies los vencimientos 2020, 2021 y 2022. Así lo reveló incluso el propio ex ministro de Economía.