La leyenda señala que el ex funcionario guardó en el baúl del auto de una de sus hijas dos bolsos repletos de papeles comprometedores o billetes salvadores. Es decir que en Córdoba, alguien le sopló que era hora de que limpiara bien su casa de fin de semana.
Mientras tanto, en la ciudad de Buenos Aires, un grupo de la Unidad Especial de Investigaciones y Procedimientos Judiciales de Gendarmería (Uesprojud) llegó a la vivienda que Jaime alquilaba en el piso 12 de Avenida del Libertador 654.
Allí, hallaron una enorme cantidad de pruebas de interés para la causa y además, encontraron dinero. Dentro de un maletín negro había 24.820 dólares. En una bolsa verde que tenía un cartelito que decía “Silvia celular” reposaban 10.000 euros. Cuando abrieron la primera de las dos cajas fuertes del departamento vieron pesos y dólares. Un paquete contenía 40.000 pesos, y una pila otros 10.200 y 20.000 dólares. En la segunda de las cajas guardaban el cambio chico: 509 dólares, 20 euros y 300 reales.
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Cuando se hizo el arqueo de lo encontrado en el allanamiento las cifras fueron 45.329 dólares, 10.020 euros, 50.200 pesos y 300 reales. Según la cotización de monedas extranjeras de aquel 26 de marzo de 2010, Jaime guardaba en el departamento unos 278.928 pesos.
En junio de 2009, Jaime había declarado tener como bienes una moto BMW valuada en 65.400 pesos, una humilde casita de 81 m2 en Caleta Olivia en Santa Cruz y menos de 20.000 pesos en una cuenta sueldo.
Según el funcionario, la plata pertenecía a la que por entonces era su esposa Silvia Reyss, quien aportó como prueba tickets de retiros bancarios hechos en 2009. Pero hubo un detalle que no se les escapó a los investigadores: los fajos de billetes tenían sellos que delataban cierta antigüedad en la actividad recaudatoria de Jaime, ya que eran de 2003. Y no le devolvieron el dinero.
El ex secretario de Transporte había atesorado fajos de billetes (de 10.000 pesos cada uno) que tenían más de 7 años.