La cantinela sobre planes destituyentes forma parte central de esa estrategia, y la van a profundizar a medida que se acerque el momento de ir a las urnas. La presidenta ordenó, además, reciclar desde ahora el tema de la defensa de los derechos humanos, la presión a los jueces para que aceleren las causas contra militares y civiles que esperan en las cárceles por sus condenas. Los organismos afines al gobierno han sugerido que es una buena idea la de hacer mucho ruido con este tema en el medio de la campaña. Sostienen que la sociedad es receptiva de esos movimientos, y que de paso sirve para instalar una idea que nadie se animaría en la tropa propia a reconocer en público: la de un gobierno que puede tener sus problemas con la corrupción, el viejo "roban pero hacen" que supo patentarse en cierta campaña por la intendencia de la ciudad brasileña de San Pablo, y que después se hizo carne por estas tierras. En este nuevo capítulo, el argumento sería que a la escandalosa corrupción oficial reinante se la puede tapar con la imagen de un gobierno que al mismo tiempo castiga las violaciones a los derechos humanos.
Otras patas del plan hacia octubre y los sueños de eternidad pasan en lo inmediato por administrar una serie de anuncios de aquí a las elecciones, siempre en la exclusiva boca de la presidenta. Un primer ejemplo es lo que acaba de ocurrir con los aumentos en la Asignación Universal por Hijo y otros subsidios con claro sentido clientelista que utiliza el gobierno para captar voluntades y votantes. También se espera meter mucho ruido con la campaña para controlar que no aumenten los precios, un estrambótico plan sobre cuya autoría se pelean La Cámpora, Emilio Pérsico y Guillermo Moreno, que nadie sabe cómo va a funcionar y de qué manera se va a implementar. Lo que el gobierno no ha podido evitar es la asociación inmediata que se ha hecho entre esas huestes juveniles K que saldrán a controlar góndolas con aquellas milicias que mandó Hugo Chávez a las calles, para perseguir opositores o supermercadistas que no aceptaban los precios máximos que les imponía la revolución, y que ahora el insólito Nicolás Maduro acaba de convertir en milicias armadas. (...)".