A Larroque, que tomó un protagonismo inusitado en el más cerrado entorno presidencial desde hace algunos meses, a punto tal de que habla con ella todos los días casi tanto como lo hace Carlos Zannini, no le vino un ataque de altruismo. Fue pura especulación política. Por más que el relato intente taparlo, el hecho de que entre cuatro y cinco millones de personas ("de votantes", corregiría uno de los confidentes oficiales) vean cada domingo el programa de Lanata, no ha pasado desapercibido en la cima. Se reconoce en el gobierno, con papeles en la mano, que el escándalo que envuelve al empresario preferido de Néstor Kirchner, aunque no de Cristina Fernández, vuelven a poner las cosas en su justo término los responsables del off the record, le arrancó en dos semanas unos diez puntos en las encuestas de imagen. Justo cuando se recalienta la campaña con vistas a las primarias del 11 de agosto y las legislativas del 27 de octubre, y ella todavía no sabe quién será su candidato para encabezar la lista de diputados nacionales en la crucial provincia de Buenos Aires.
Ese golpe de timón en ciernes se completaría con lo que acaba de ocurrir en la Justicia: el fiscal Marijuan imputó finalmente a Báez y a su hijo por el delito de lavado de dinero. Y sacó la causa del estado de farandulización a la que Cristina había ordenado en un primer arranque mandarla para desviar la atención no del empresario, sino de otros actores de esa historia de corrupción y dineros que se pesan en lugar de contarse, que empezó a salpicar las alfombras del despacho de Julio "Odio" (apodo que le puso Néstor) De Vido. Es allí, cuando las esquirlas de la investigación periodística empiezan a caer cerca del arquitecto, que supuestamente Larroque toma cartas en el asunto y recomienda hacer algo antes de que sea demasiado tarde.
Conociendo cómo las juega Zannini con aquellos que se atrevan a cuestionar alguna coma del modelo y de sus protagonistas, no hay otra forma de interpretar sino por el lado de un repentino y estudiado interés del gobierno por entregar alguna cabeza célebre, que en este caso sería la de Lázaro, que Marijuan haya imputado al empresario con durísimas críticas añadidas a la jefa de los fiscales, Alejandra Gils Carbó, y al organismo con nombre de brebaje medicinal, Procelac, que ella creó para que todo quedara en investigar perejiles como Fariña, Elaskar, Rossi y Pérez Gadín. En una interpretación casi de manual, los confidentes del poder dirán que el fiscal "recibió un guiño". ¿De quién? El secretario de Legal y Técnica tiene a su servicio un influyente abogado que suele recorrer los despachos de Tribunales con recomendaciones y sugerencias a jueces y fiscales amigos o temerosos del castigo divino acerca de cómo deben direccionar sus investigaciones y sus sentencias.
Larroque está persuadido de que soltándole la mano a Báez, la Presidenta va a recuperar imagen pública y podrá posicionarse nuevamente en una carrera que claramente viene perdiendo, aunque ella no sea candidata a nada, pero que del éxito de sus candidatos dependerá mantener con vida o sepultar de una vez por todas el sueño de la "re-re", se sabe. A fin de cuentas, según una caprichosa interpretación que entregaba el viernes aquel autor del off the record , para los amigotes de Néstor, Cristina "no enviudó, se divorció". Y en tal circunstancia no deberían esperan de ella la más mínima compasión ni ayuda. Menos si hay peligro de que todo termine por mezclarse ante los ojos de un fiscal que extrañamente hizo en menos de 24 horas al frente de la causa más que lo que los fiscales puestos a dedo por Gils Carbó hicieron en tres semanas. (...)".