El titular de este centro–gremio es el capitán Marcos Ricardo Castro, quien ya lleva 2 décadas al frente de la organización. Por lo tanto, para sobrevivir en una Argentina tan cambiante, Castro ha ejecutado peripecias de las más diversas:
En 1992 gobernaba Carlos Menem, con Domingo Cavallo como superstar.
En 1995 seguía Menem pero Cavallo fue despedido, igual que Eduardo Bauzá, y llegó Roque Fernández, acentuándose el atraso cambiario y el endeudamiento externo.
En 1999 llegó Fernando De la Rúa al frente de la heterogénea Alianza UCR-Frepaso.
En 2000, Cavallo reemplazó a gran parte de la UCR y el Frepaso, que ya habían abandonado a De la Rúa.
En 2001, luego de la derrota electoral del oficialismo, hubo doble golpe de Estado bonaerense, PJ + UCR unidos.
2002 comenzó con Eduardo Duhalde jurando como Presidente provisorio.
En 2003, llegó Néstor Kirchner, de la mano de Eduardo Duhalde, con Roberto Lavagna de garante de la continuidad.
En 2005, Kirchner se enfrentó y le ganó a Duhalde, y luego despidió a Lavagna.
En 2007, Kirchner impuso a Cristina Fernández, su mujer.
En 2008, Cristina y Néstor perdieron el conflicto agropecuario. Luego despidieron al jefe de Gabinete de Ministros, Alberto Fernández.
En 2009, ambos perdieron las elecciones. Luego, despidieron al jefe de Gabinete de Ministros, Sergio Massa.
En 2010, Néstor Kirchner murió y eso le permitió a Cristina invocar el sentimiento de culpa de gran parte de la ciclotímica sociedad y así recuperar vitalidad.
En 2011, Cristina Fernández ganó las elecciones en forma abrumadora y reorganizó a su gabinete, prescindiendo de la inteligencia y priorizando la genuflexión.
En 2012, Cristina Fernández lleva 1 año de deterioro progresivo de su imagen pública pero de todos modos ambiciona la reforma constitucional en 2013 y su re-reelección en 2015...
El capitán Marcos Ricardo Castro, radical de origen, ha tenido que surfear todas esas olas, que en algunos casos fueron tempestades. Él fue un ferviente defensor del modelo menemista, un feliz adherente al triunfo de Fernando De la Rúa y un ultra convencido dirigente K.
Es justo reconocer que Castro fue uno de los impulsores del Decreto N° 1.010/04 por el cual Nestor Kirchner procuró recrear, aunque en una mínima porción, la Marina Mercante que Menem destruyó.
En su afán de enrolarse con la corriente nacional y popular en boga, Castro llevó al Centro de Capitanes a integrar la Confederación General del Trabajo (CGT), pugnando a partir de entonces por ganar un espacio cada vez más próximo a Hugo Moyano. Obvio: eran los días en que Moyano era aliado indispensable de los Kirchner, en especial de Néstor Kirchner.
Y Castro lo consiguió... en las fotografías que buscó junto al líder camionero.
Una fotografía no dice mucho pero tampoco dice poco. Retratándose con famosos, varios argentinos prominentes se abrieron camino. Por ejemplo, Daniel Scioli. Si en vez de buscar la foto con Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa, José Manuel De la Sota hubiese organizado en la noche del viernes 07/09 en Córdoba un homenaje a glorias del fútbol, retratándose con Martín Palermo, Gabriel Batistuta, Juan Román Riquelme y Mario Kempes, habría arrasado en todos los medios de comunicación hoy sábado 08/09.
¿Por qué le iría mal entonces a Castro?
En verdad, el gremio de los capitanes adolece de 3 impedimentos para integrar el circulo íntimo de cualquier sindicalista de ley:
En 1er. lugar, sus afiliados tienen ingresos que quintuplican la media salarial de un trabajador común (es justo que así sea pues la vida abordo requiere de conocimientos específicos y es más bien sacrificada).
En 2do. lugar, es más difícil encontrar un marino peronista que un tiburón en aguas heladas.
En 3er. lugar, la masa societaria de este tipo de instituciones escasamente alcanza a los 2.000 afiliados contra 150.000 de cualquier gremio interesante.
Como sea, Castro tuvo la habilidad suficiente para navegar junto al líder camionero, y también para dar un violento golpe de timón para alejarse de Moyano en el momento que pareció oportuno.
Castro se alineó con la CGT Balcarce, llevado de la mano del líder taxista Omar Viviani.
Y como muestra de agradecimiento, Castro le cedió a Viviani el micrófono en el ágape tan elegante en el Hipódromo de San Isidro. Castro quería demostrar a todos que seguía cerca de los beneficios posibles (Cristina Fernández) vía Viviani.
El invitado de honor, líder de los peones de taxímetros, llegó nervioso, luego de horas difíciles, en especial cuando se enojó por preguntas de reporteros y cronistas a los que tuvo que aclarar que no tiene "patrones". Luego... es Viviani... y quedó muy desubicado apenas comenzó su perorata.
Era un encuentro de capitanes de buque, acompañados por sus señoras esposas... y en el elegante salón de San Isidro..., pero Viviani creyó que era una reunión con afiliados-empleados en un sindicato peronista. Pobre Viviani, anda sin brújula. Pierde el rumbo.
Fue así que, cuando el otrora lugarteniente de Moyano comenzó a elogiar el 'modelo', los rumores primero y los murmullos que comenzaron a crecer, y se convirtieron en abucheo generalizado, el bochorno le indicó al orador invitado que era conveniente dejar el micrófono y recordar que la Marina (al menos la mercante) nunca será K.
Se puede convivir con el Frente para la Victoria. Se puede sobrevivir con el FpV. Se puede tolerar al FpV. Pero nunca integrar el FpV, ponderar a La Cámpora, vitorear a Cristina.... En especial, porque ellos son capitanes de buque, no militantes clientelares.
Por supuesto que fue un viernes abundante en quejas en el Centro de Capitanes, ubicado en el corazón de San Telmo: afiliados cuestionando a Castro por lo de Viviani, y Castro intentando explicar que hay que sobrevivir... que es lo que hay... que no volverá a invitarlo... Una vez más quedó en evidencia el divorcio de los dirigentes y sus representados.