Un recorte dominical del periodista Eugenio Paillet, en La Nueva Provincia:
Un primer mandoble en formato de encuesta aterrizó en los despachos presidenciales y en los laboratorios del poder apenas horas después de aquellos dos anuncios sobre la deuda y Ganancias, entregado en mano por una tradicional consultora del Partido Justicialista, la misma que antes había pasado por Tigre para entregar otro trabajo encargado por el Frente Renovador de Sergio Massa.
Dice ese trabajo, en síntesis, que la voltereta de Cristina y algunos notorios brincos de sus seguidores no moverá de manera elocuente el amperímetro para octubre.
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Juan Manuel Aurelio, de la consultora Aresco, dijo a su vez, el miércoles por la noche, que, según sus primeras mediciones, puede haber algún corrimiento de votos desde las listas opositoras hacia las del oficialismo, aunque la pregunta estaba dirigida directamente a conocer si Massa perdería sufragios a manos de Martín Insaurralde como consecuencia del giro presidencial, pero que no era significativo.
Por esas horas, en varios despachos del gabinete pero también en poder de varios de los gobernadores, funcionarios e intendentes que viajaron a Corrientes, hubo dos encuestas que corroboraron el panorama: en ambas Massa lograría superar cómodamente la barrera de los cuarenta puntos en las elecciones de octubre, mientras que el candidato de Cristina hasta podría perder algún punto de los que obtuvo en las PASO. Tiene en ambos sondeos una intención de voto de 27-28 por ciento. "Ya es tarde para intentar un cambio, el electorado no es tonto y lo percibe, y para colmo hay pelotazos en contra como el de Recalde", se sinceró el viernes un operador político del gobierno.
Otra opinión interesante, Hugo Krasnobroda, en el diario El Tribuno:
Según sostienen varios de los principales encuestadores del país, difícilmente el kirchnerismo saque muchos más votos en octubre de los que sacó en agosto, ya que los electores del oficialismo son personas por lo general con un voto de fuerte convencimiento.
Obviamente que los anuncios suman y mucho para la campaña del oficialismo, pero aportan más a detener la diáspora de votos que a sumar masivas nuevas voluntades. La no suba de Ganancias fue sin lugar a dudas uno de los caballitos de campaña más contundentes de la oposición, que ahora se verá obligada a buscar otros.
Nadie que antes haya criticado con lógica al Gobierno por sacarle plata de su sueldo ahora lo homenajeará por dejar de hacerlo. La decisión sirve más para apaciguar el clima de gobernabilidad interno que como un método concreto de sumar votos.
Las cartas ya están echadas y la lucha por la sucesión ya no se juega por lo bajo, sino que está en la agenda pública de todos.