"(...) En un contexto signado por serias dificultades de índole nacional -la inflación, el dólar que se escapa, las denuncias de corrupción, el rechazo de parte de la ciudadanía a las últimas decisiones como la reforma de la Justicia y el blanqueo-, la Casa Rosada vuelve a asumir, como siempre que se acercan las elecciones, que la inseguridad es la primera y dramática demanda de la sociedad bonaerense. Una drama por el que la ciudadanía hace responsables -lo dicen las encuestas- a la Presidenta, al Gobernador y, como dijo Cristina, inclusive a los intendentes. Y en ese punto -como en otros- la Presidenta se muestra convencida de que el Gobernador no sólo no hace lo suficiente para dejar en claro que ese problema es su exclusiva responsabilidad sino que alentaría de alguna forma el reparto de culpas.
Pero además, las elecciones se acercan y la Casa Rosada mira con creciente preocupación el conflicto docente desatado en la Provincia, que tiene a 4,5 millones de chicos sin clases y parece encerrado en un laberinto sin salida. Y también en ese sensible problema el gobierno nacional cree ver un intento de la Gobernación de tratar de poner la responsabilidad de la solución -el financiamiento de un aumento salarial mayor al que ofrece la Provincia- en manos de la Casa Rosada.
Sectores del kirchnerismo sostienen que esas “actitudes” tendientes a desgastar al gobierno nacional se completarían con una jugada política. Sospechan, concretamente, que las públicas simpatías de Francisco De Narváez hacia el Gobernador se traducirían en un acuerdo que le permitiría a Scioli poner candidatos propios en las listas del peronismo opositor, mientras formalmente se mantiene en el esquema del Frente para la Victoria.
En ese marco, la embestida en público de Cristina tendría el objetivo de “desenmascarar” a Scioli para forzarlo a abandonar las ambigüedades que le adjudican y a ejercer una defensa total del gobierno nacional y de la figura de la Presidenta durante el proceso de campaña virtualmente en marcha... O a definir ya una ruptura, si está dispuesto a enfrentar al kirchnerismo en busca de su candidatura presidencial del 2015.
Pero no son menos graves las desconfianzas y las sospechas que anidan en la otra vereda. En la Gobernación se ha consolidado la convicción de que el conflicto docente está fogoneado por el ultrakirchnerismo, más precisamente a través del titular del Afsca, Martín Sabbatella, que lidera el grupo político al que adscribe el sindicalista Roberto Baradel. Creen que, puntualmente, desde allí se trabaja para que no se alcance un acuerdo.
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La situación, por lo pronto, se está tornando insostenible. Los maestros ya acumulan 12 días de paro y la persistencia de días de clases perdidos, combinada con las dificultades de funcionamiento que provoca en millones de familias que los chicos no vayan a la escuela, desembocaría rápidamente en un delicado problema social. ¿Están buscando generar las condiciones para una intervención federal a la Provincia?, se preguntan en algunos despachos bonaerenses, donde empiezan a temer que el objetivo del ultrakirchnerismo sea desalojar a Scioli de la Gobernación este año. (...)".
"(...) La Presidenta descubrió en una sola tarde, la del jueves pasado, que tiene más problemas que los que el famoso y cada vez mas derruido relato, la corte de adulones que se empecinan en leerle el diario de Yrigoyen y su propensión a encerrarse entre cuatro paredes, convencida de que ella sola puede arreglarle la vida al país y al mundo, le permiten ver.
El inusual ataque de furia con el que subió ese día al palco de Lomas de Zamora, ella tan acomodada en el discurso cargado de mohínes y chicanas, reflejó por primera vez un estado de perplejidad y desconcierto, de indignación ante la comprobación de que algunas grietas han comenzado a manifestarse, que el modelo ha empezado a crujir. Y que para peor la lleva ahora a descubrir, incapaz de entender que está cosechando lo que ella misma sembró, que muchos de los que se dicen sus incondicionales han empezado a mirar para otro lado. Típico clima, diría un peronista de mil batallas que sirvió con la misma unción a Menem, Duhalde, Kirchner y ahora a Cristina, de final de ciclo.
Si son absolutamente fieles los comentarios que se recogen de importantes fuentes del gabinete nacional, la furia presidencial se explicaría por varios costados. El primero asegura que por primera vez Carlos Zannini le llevó encuestas verdaderas, no las que suele alcanzarle Héctor Icazuriaga desde la Secretaría de Inteligencia, que le hicieron ver que perdió diez puntos de imagen desde que se inició el escándalo de Lázaro Báez. O que más del sesenta por ciento de los consultados considera al suyo como el gobierno más corrupto de la historia.
Casi sin respiro le llegaron las primeras noticias sobre el freno al avance de su plan para controlar a su antojo la Justicia, y la sospecha de que jueces y fiscales han empezado a poner entre gruesos signos de interrogación la elección de integrantes del Consejo de la Magistratura. A punto tal que uno de los cerebros de la jugada para enganchar en las listas para las internas del 11 de agosto la sábana con los postulantes del kirchnerismo, que podría encabezar el propio Zannini, Cristina, o Alicia Kirchner, nadie sabe, frenó la curiosidad periodística por conocer nombres y apellidos. "No creo que haya elecciones de consejeros", cortó la charla.
La Presidenta comprobó, en efecto, que la están dejando sola. Juntó todos los papeles con las malas noticias de esa tarde y allá fue a vociferar contra los ingratos de adentro, ya no los de afuera. Y de Lomas de Zamora volvió enfurecida a su despacho de la Casa Rosada, para resolver de un plumazo un minicambio de gabinete que no dice nada, que no le sirve para nada, y mucho menos para "parar" en la cancha un elenco más presentable de cara a las elecciones de octubre, como el que se decía en el gobierno, allá por diciembre o enero, que ella presentaría en abril o mayo. (...)".