"El presupuesto es un conjunto de gastos, se hace una estimación de ingresos y de ahí deriva el resultado primario, tienen la carga de los intereses, sale el resultado financiero y de ahí sale el financiamiento. Nosotros decidimos que no vamos a usar esa metodología, nuestra metodología se va a llamar déficit cero, y déficit cero implica que el resultado financiero es cero. Por lo tanto, no necesito estar tomando nueva deuda. Es decir, Argentina deja de tomar nueva deuda", dijo aquella vez.
Y agregó: "el superávit primario va a ser igual a los intereses. Y como está planteado, en términos de déficit cero, se puede hacer que el presupuesto sea neutral, en términos de ingresos. Entonces, va a haber una parte del gasto público que se va a acomodar, por ejemplo, que sigue a la inflación, y por diferencia sale el resto del gasto público, consistente con esa regla. Así, para un escenario base se determinan unas partidas, que van a ser después ponderadores, y eso es lo que va a permitir que - en la medida que se ajusten los ingresos - dado el gasto con esa lógica, por diferencia se van asignando esas partidas. De modo tal que se diseña una regla para no violentar - de ninguna manera - el déficit cero. No vamos a tener déficit fiscal".
Milei explicará eso por cadena nacional. Se especula además con algún anuncio. Algunos dicen que podría dar un refuerzo para los jubilados tras el veto a la ley de movilidad jubilatoria y la recomposición retroactiva de los haberes. Otros creen que podría llegar a anticipar un proyecto para penalizar el financiamiento del déficit con emisión monetaria, que el mismo Milei viene prometiendo.
Como el espíritu del presupuesto es el equilibrio fiscal, se espera que su contenido sea de austeridad. Esto quiere decir, que no contenga un plan de obras públicas o un reparto de fondos no automáticos, por ejemplo. Es algo a lo que van a estar atentos los gobernadores para definir su acompañamiento.
Pero en el Gobierno dejan trascender que no les preocupa si el Congreso aprueba el presupuesto. Es más, como ya consignó Urgente24, hasta estarían deseando que el Parlamento lo rechace, ya que esto les permitirá prorrogar nuevamente la ley de 2023, que es la que está en vigencia y le permitió a Milei hacer la fenomenal licuación del gasto que logró el superávit fiscal.
Claro que reeditar el mismo presupuesto por 2do ejercicio consecutivo implica varios riegos. El primero es que es una señal de incertidumbre a los mercados, que observarían que Milei no puede conseguir su previsión de gastos e ingresos. Pero, fundamentalmente, sería una mala señal en la víspera de negociaciones con el FMI.
El Fondo le hizo un gesto al gobierno libertario al apartar de las conversaciones al jefe para el Hemisferio Occidental, Rodrigo Valdés, a quien el Presidente acusó de actuar con mala fe contra el país. Quitando ese escollo, el organismo le sacó a Milei una excusa para sentarse a negociar las condiciones de un nuevo programa que suceda al vigente, que vence en noviembre.
Entre los economistas circula el mismo comentario: si Milei quiere fondos frescos, el FMI le va a pedir de entrada que sancione un presupuesto. Esto le deja poco margen al Presidente para coquetear con la idea de una nueva prórroga.
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