Sin embargo, Santilli nunca destacó su rol de ejecutor de una estrategia de seguridad en la metrópolis más grande del país, La Meca de todos los delincuentes del país. Así fue como nacieron los interrogantes tales coo: ¿Lo hizo porque le daba pudor el autobombo o porque se avergonzaba de la seguridad o porque creía que no podía estar la altura de los otros referentes de Juntos por el Cambio tales como Cristian Ritondo o Patricia Bullrich?
Pues si ocurrió algo así, fue un grandísimo error. Al fin de cuentas, su gestión no quedó vinculada ni a la compra misteriosa de lanchas israelíes ni a la conspiranoia sobre si continuaban o se cortaron las recaudaciones marginales de los 'porongas' (los comisarios de la Bonaerense) ni polémicas similares.
Santilli sólo apareció en el radar pero por una fotografía -una ridiculez para políticos en campaña- y algunos comentarios favorables de gente de Generación Zoe, que además aún no sufrió condena judicial. ¿Era necesario que él aclarase que había sido un intento (rechazado) de financiar a la escudería automovilística en la que corre uno de sus hijos? En esta Argentina aclarar mucho, cuando hay una motivación política detrás, es luchar con molinos de viento. En especial cuando hay 'fuego amigo' de por medio.
Quizás eso fue lo que lo motivó al pronto regreso. O fue instinto. O aburrimiento. Pero Santilli, considerado por sus detractores o un frívolo o un promotor de prioridades económico-financieras, fue sorprendido por una amenaza de birlarle el diploma de político profesional ganado en sus triunfos 2021.
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Horacio Rodríguez Larreta, Mauricio Macri, María Eugenia Vidal y Diego Santilli.
Diego Santilli compite con Cristian Ritondo, Jorge Macri y dicen que hasta Patricia Bullrich fue puesta en carrera bonaerense por Mauricio Macri. ¿Qué beneficio le concedió, entonces, el triunfo 2021? Sin duda que pese a que fue quien lo desafió primero, es más fácil acordar con Ritondo, por el pasado común que se remonta al peronismo de la Ciudad de Buenos Aires, que con el intendente de Vicente López hoy funcionario de Larreta, en ascenso, o con la presidenta del PRO.
Pero la relación de Santilli con Mauricio Macri siempre fue difícil. Complicada, estresante. Esto podría ser un alivio hoy día cuando Macri puede reunir a cuantos quiera en la mansión-oficina de San Isidro pero todos saben que no gana un comicio en una sociedad de fomento. Pero ¿cómo lo vive Santilli? ¿Le sigue doliendo el 'ninguneo' del hijo de Franco o experimenta la sensación del alivio?
Es curioso lo que sucede con los porteños que emigran a Provincia de Buenos Aires:
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Felipe Solá -quien evitó el caos que dejó Carlos Ruckauf- terminó bloqueado por Néstor Kirchner, quien hasta 'le robó' a Florencio Randazzo para debilitarlo;
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Daniel Scioli nunca pudo imponer el peso de su popularidad y terminó inmolado en el altar de los horrores (más que errores) de Cristina Fernández de Kirchner (y van... );
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María Eugenia Vidal no quiere ni escuchar que le hablen de PBA,
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Axel Kicillof no consigue ni una tregua con los intendentes municipales de su propio partido,
- ¿será que Santilli meditó sobre eso durante este tiempo?
Otros insisten en que los obstáculos en el territorio bonaerense son minimizables porque quien gobierna en el Ejecutivo Nacional siempre precisa de un adecuado ida-y-vuelta con quien se sienta en La Plata, mucho más si hay un acuerdo con el FMI que obliga a ordenar la gestión fiscal y financiera, imposibilitando la acrobacia irresponsable de Kirchner de pactar con alcaldes para devaluar al gobernador.
Pero quizás todo esta elucubración resulte ociosa porque Santilli decidió otro horizonte, que todavía se desconoce. Pero él no debiera, en cualquier caso, resignar sus éxitos.
De paso, ¿quién podría mejor que él retomar la idea de la integración del AMBA, que tanto anhelan los vecinos bonaerenses, en cuanto a la seguridad pública?
En fin, para que algo cambie, ese cambio debe comenzar por la autovaloración y la definición. Será interesante conocer la respuesta en los próximos días.