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Profesor extorsivo preso: Un flagelo en la educación pública

Un profesor de odontología de la Universidad Nacional de Córdoba fue condenado a 8 años de prisión por extorsionar alumnos. El poder sin control.

CÓRDOBA. Finalmente, el profesor de la Facultad de Odontología de la Universidad Nacional de Córdoba, Luis Augusto Olmedo, fue condenado por la Justicia Federal a 8 años de prisión por extorsión continuada e inhabilitación especial por 10 años por abuso de cargo público. El ex titular de la Cátedra de Microbiología obligaba a sus alumnos a tomar un curso privado que él mismo brindaba para poder aprobar su materia, troncal en el plan de estudios de la carrera.

El escándalo, que se destapó hace poco más de dos años, reveló una trama de poder que varios docentes y autoridades de la Facultad permitieron durante casi 30 años. Todo ello controlado y diagramado por Olmedo.

Como coautores del hecho, fueron condenados Adrián Oscar Casalis, Augusto Massimino y la ex decana de la Facultad, Mirta Mónica Spadiliero de Lutri, condenada por incumplimiento de los deberes de funcionario público. Todos ellos eran conscientes de las extorsiones infringidas por el profesor a sus alumnos.

Según los denunciantes, Olmedo era explícito en sus intenciones apenas comenzaba el dictado de clases. A la hora de los parciales y el examen final, el profesor tenía una lista consigo que marcaba quienes debían ser desaprobados por faltar a su academia.

Algunos alumnos llegaron a rendir hasta siete veces el final de la Cátedra y siempre eran reprobados. Otros directamente abandonaron la carrera por no poder sortear económicamente el costo del curso exigido por el profesor condenado.

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Profesor condenado en la UNC.

El caso, que se resolvió hace pocas horas, fue paradigmático para la Justicia a nivel nacional. Y, sobre todo, para toda la comunidad universitaria en Argentina.

Bien sabido es que hay muchos casos similares, en los que profesores abusan de su condición de autoridad para obtener réditos de su alumnado. Dichos beneficios no siempre son económicos, aunque igualmente son denigrantes para el alumnado.

Esas prácticas tienen un espacio especial en la educación pública universitaria, donde la falta de control y la casi perpetuidad de los cargos provocan que no se respete la periodicidad de las cátedras, tal y como se estableció en la Reforma Universitaria de 1918, justamente nacida en Córdoba. Y con ello nace el deterioro de los derechos universitarios.

Lo mismo puede encontrarse en las universidades privadas, aunque con menor frecuencia gracias a que los resortes monetarios le permiten a los universitarios reclamar como “clientes”. Algo que, muy a pesar de muchos, sirve como medio de control al poder del profesorado.

Así, el caso de Córdoba es un fresco recuerdo de que la educación pública no debe ser tan sólo gratuita y accesible, sino también de calidad. Y eso no se consigue solo con mayores niveles de exigencia académica, sino con la práctica de principios educativos igualmente equitativos.

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