-Las críticas de mis hijos sobre mí, me hacen reír mucho. Somos una familia que tiene mucho humor, los cuatro. Yo les digo que en mi casa están las reglas de la vida Vidal (risas); son como máximas que ellos me van corrigiendo. La mayor se ríe porque yo digo seriamente que el alcoholismo es una enfermedad; porque me preocupa cuando salen y toman alcohol. Ellas se ríen de mí y me dicen: “En las reglas de la vida Vidal, el alcoholismo es una enfermedad”. Tienen 18 y 16 y soy una mamá que insiste en ver lo que toman, con el alcohol que se compra en mi casa, con el que entra en mi casa; cuando vienen los amigos, estoy atenta. Entonces hacen chistes con esas cosas que tenemos las madres, y dicen que soy una madre intensa. Yo creo que es una manera elegante de decir otras cosas. Nos reímos mucho, y la pasamos muy bien los cuatro juntos.
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-Si volviera 15 años atrás y se encontrara con María Eugenia, ¿que le diría?
-(Piensa) Estoy haciendo cuentas. Era más joven (risas). Le diría: “Aprovechá más estos años”; y si además vinieran con la experiencia, ni hablar (risas otra vez). Y, más allá de los errores y aciertos que haya tenido en estos años, hay algo con lo que me siento en paz con esa María Eugenia, y es que los valores siguen estando ahí. Los valores son los mismos, los de esa María Eugenia y la que está hoy acá. Ahí no hubo cambios y me puedo dar por tranquila.
-¿Una frase que la defina?
-Qué difícil. La de la madre Teresa de Calcuta: “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota”.
-¿Cómo compatibiliza el cargo con la crianza de hijos adolescentes?
-Si hay alguien que haya encontrado la receta, que me avise (risas). Hago lo que puedo. Es muy difícil para las mamás que trabajamos, y más, para las separadas. Me parece muy importante definir momentos no negociables; y entre esos momentos, salvo cuando hay campaña, que tengo que ir a programas de televisión que terminan tarde, está la cena en mi casa a las nueve. De ahí a las doce, esas tres horas, son de nosotros cuatro y de nadie más. Los fines de semana que están conmigo, todo el tiempo es para ellos. También con mis padres, mi hermano, mis amigos y toda la gente que me acompaña de mucho antes de que fuera Gobernadora. Y estoy en los momentos importantes para ellos, y no están previstos. Si a una de mis hijas le fue mal en un examen y está angustiada, dejo lo que estoy haciendo para estar con ella, porque lo más importante es que su mamá la acompañe. O el primer día de clases, o una reunión del colegio. Esos momentos, no son negociables, porque también hay otros muchos momentos en los que la Provincia no pregunta si estoy ocupada o no y son ellos los que renuncian a mí. Por eso digo que la Provincia es un hijo más.
-¿Cuáles son los consejos del día a día?
-No creo que distintos a los de cualquier mamá. Hablamos de todo, de adicciones, de sexo, de la seguridad que tienen que tener en la calle, de sus amigos. Para mí es muy importante conocer quiénes son sus amigos, con quién salen, a qué casas van; y, al mismo tiempo, me gusta que mi casa sea un lugar de encuentro. En casa hay mucha pijamada. He tenido dos y hasta tres pijamadas al mismo tiempo, y muchos chicos que se quedan a dormir. Mis hijos saben que casi no me tienen que pedir permiso para invitar a sus amigos. Me gusta que mi casa sea un lugar de encuentro; es una manera de estar cerca de ellos, de saber qué hacen, qué comparten y no comparten. Hay una libertad responsable y respetuosa en casa. Podemos no estar de acuerdo, pero los valores, sí los compartimos. Los límites que tienen que ver con el cuidado y la seguridad, se respetan. Trato de hacer lo mejor; lamentablemente, no hay escuela de padres.
-¿Cómo es la relación con Ramiro Tagliaferro, su exesposo?
-Tenemos una muy buena relación. El es muy buen papá, es un papá presente para sus hijos. Creo que eso les hizo muy bien a los chicos; poder vivir una separación, que siempre es dura para una familia, con dos papás que se llevan bien, que se respetan y, más allá de que se haya acabado el amor de pareja, se quieren mucho y quieren lo mejor el uno para el otro.
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-Hablemos de las amigas de toda la vida: ¿Qué consejos le dan?
-Que me divierta, que la pase bien, que trate de encontrar espacios. Tengo una enorme suerte en la vida, y es que mis amigos más cercanos son previos a la política. Tengo algunos en la política, como (el jefe deGobierno Porteño) Horacio Rodríguez Larreta, (la ministra de Desarrollo Social y Salud) Carolina Stanley, (su jefe de Gabinete) Fede Salvai, que son muy amigos míos, pero la mayor parte es de antes que hiciera política, y me acompañan mucho. Hay mucha juntada en mi casa, y ellas promueven siempre que haya esos espacios de disfrute compartidos con amigos, donde uno cuenta diez veces la misma anécdota y se ríe diez veces de lo mismo. En mi casa pasa eso, con pizza un sábado a la noche, y estamos hasta las 3 de la mañana y no nos dimos cuenta. Lo que le pasa al resto, también me pasa a mí.
-¿Y le hacen reclamos o le dicen “vemos tal cosa o tal otra”?
-No. Me cuidan. Me cuidan mucho. Ahí no soy Gobernadora, soy María Eugenia y soy la amiga de siempre.
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-¿Qué cualidades tiene que tener un hombre para ser su compañero?
-Haciendo obvio que tiene que ser una buena persona, el humor y la inteligencia me parecen dos cualidades muy importantes. Más allá de que tenga buena madera, el humor y la inteligencia me parecen dos cualidades que me hacen admirar a alguien. En la vida hay que tener espacio para sonreír, para reírse a carcajadas, incluso de uno mismo. Miro mucho eso.
-¿Y esa relación sería cama adentro o cama afuera?
-Huy. No sé. Primero tiene que aparecer, después vemos... (risas). No lo sé. Hoy estoy muy cómoda como estoy. Cuando aparece la persona que te conmueve, tal vez todos los preconceptos de cómo sería tu nueva vida, por ahí se van al diablo.
-¿Y cómo va con el amor?
-Hoy, no hay. Esa persona no está, pero no descarto que aparezca. Soy de las que creen que aparece cuando es el momento.
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-¿Cuida su físico, hace dieta, gimnasia?
-Tengo momentos, como todas las mujeres. De repente me vas a ver subir cuatro kilos, y tengo momentos en los que me ordeno un poco y digo “basta, esto no da para más” y me pongo una dieta.
-¿Y gimnasia?
-Soy cero deportista. Me obligo cada tanto a hacer algo, pero lo sostengo un tiempo, como toda esa gente que va, se anota en el gimnasio, paga la cuota de todo el año y después va un mes. Ahora me ha hecho muy bien el yoga, que me ayuda mucho; pero no soy muy consistente. Soy de las que pagan el gimnasio todo el año, dicen “qué negoción que hice” y después van dos meses y no van más.