Más tarde mantendrán un encuentro con la vicecanciller Maria Laura da Rocha en Itamaraty, sede del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil.
La agenda también incluye una reunión con integrantes de la Comisión de Relaciones Exteriores y Defensa Nacional y del Grupo Parlamentario Brasil-Argentina del Senado brasileño, presidido por Nelsinho Trad.
El objetivo declarado será reafirmar el carácter estratégico de la relación entre ambos países, fortalecer los canales de comunicación entre los Congresos y comenzar a organizar futuras visitas entre legisladores argentinos y brasileños.
Pero detrás de la formalidad institucional existe un contexto político imposible de ignorar.
Argentina y Brasil: una relación bilateral que quedó al límite
Argentina y Brasil atraviesan desde finales de julio una crisis diplomática inédita en tiempos recientes.
El conflicto explotó durante el viaje de Milei a San Pablo para participar de un acto político junto a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y candidato presidencial enfrentado al oficialismo brasileño.
En territorio brasileño, el Presidente argentino lanzó durísimos ataques contra Lula, a quien calificó de “ladrón”, “presidiario” y “basura socialista”. También apuntó contra Alexandre de Moraes, ministro del Supremo Tribunal Federal, a quien llamó “basura calva”.
Las declaraciones provocaron una respuesta inmediata de Brasil.
Itamaraty convocó al representante argentino para exigir explicaciones y Lula llamó a consultas al embajador brasileño en Buenos Aires, Julio Bitelli. La escalada continuó días después y Brasil decidió mantener por tiempo indeterminado a su embajador fuera de la Argentina, degradando de hecho el nivel de representación diplomática entre ambos países.
La dimensión del conflicto encendió las alarmas porque Brasil no es simplemente otro país dentro de la agenda exterior argentina. Se trata del principal socio comercial y de uno de los vínculos políticos y económicos más importantes que construyó el país desde el regreso de la democracia.
“No puede llevarse puestos 40 años de relaciones”
La decisión de viajar a Brasilia comenzó a tomar forma en el Congreso.
Nicolás Massot, diputado de Encuentro Federal y uno de los principales impulsores de la iniciativa, defendió la participación parlamentaria en medio de la crisis y cuestionó que las diferencias ideológicas del Ejecutivo puedan condicionar una relación de Estado.
“No hay ningún mandato electoral, por más fuerte que sea, que le permita a un poder —en este caso, el Ejecutivo— llevarse puestos 40 años de relaciones bilaterales estratégicas”, sostuvo durante la última sesión de Diputados.
Para Massot, el Congreso también tiene responsabilidades sobre ese vínculo debido a la cantidad de tratados y acuerdos bilaterales que fueron aprobados a lo largo de las últimas décadas.
Por eso pidió además al presidente de Diputados, Martín Menem, y a la titular del Senado, Victoria Villarruel, que avancen con la conformación de la Comisión Bicameral Argentina-Brasil y reactiven el Grupo Parlamentario de Amistad entre ambos países.
Quieren que Quirno dé explicaciones
La ofensiva opositora no terminará en Brasil. Massot también reclamó que el canciller Pablo Quirno sea convocado al Congreso para explicar cuál será la estrategia oficial frente al deterioro del vínculo.
La oposición pretende que el ministro no sólo detalle qué ocurrió diplomáticamente después de los agravios presidenciales, sino que explique cómo piensa administrar el Gobierno una relación que quedó seriamente afectada con un país central para el comercio exterior argentino.
La preocupación excede incluso al intercambio entre ambos Estados. Brasil representa un mercado fundamental para numerosas provincias y sectores industriales argentinos, además de compartir con el país una extensa arquitectura política y comercial construida durante décadas y consolidada a través del Mercosur.
La misión opositora buscará precisamente transmitir en Brasilia que esa estructura debe permanecer al margen de las peleas personales e ideológicas entre Milei y Lula.
El viaje tendrá además una fotografía política poco habitual: dirigentes de sectores opositores muy diferentes sentados frente a funcionarios del gobierno brasileño intentando mantener abierto un canal que hoy aparece seriamente deteriorado a nivel presidencial.
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