“La angustia más grande era no poder comunicarse. No recordaba los números de teléfono y eso lo destruía. Saber que su familia no tenía noticias, que no sabían si estaba vivo, era una tortura constante”, relató Colmenares.
Durante meses, ninguno de los detenidos tuvo contacto con el exterior. “Pasamos alrededor de siete meses completamente incomunicados. Éramos personas borradas”, afirmó.
Golpes y castigos colectivos por parte del régimen de Venezuela
El relato también incluye graves denuncias sobre los métodos utilizados por los custodios y agentes de inteligencia. “En cada traslado nos encapuchaban, nos esposaban y nos golpeaban. Usaban gas lacrimógeno y gas pimienta dentro de las celdas como castigo”, detalló.
Según Colmenares, la lógica del encierro era clara: quebrar psicológicamente a los presos y utilizarlos como moneda de cambio.
“Éramos extranjeros secuestrados para negociar. No importaba si éramos culpables o no”, sostuvo.
El colombiano aseguró que en el penal hay detenidas personas de más de 35 países, todas bajo acusaciones similares. Aunque logró recuperar la libertad, dijo que su testimonio busca visibilizar lo que sigue ocurriendo dentro del sistema penitenciario venezolano.
“Lo que viven Nahuel y los demás no es una detención legal. Es desaparición forzada. No son terroristas, son inocentes”, concluyó, y pidió la intervención urgente de gobiernos y organismos internacionales.
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