Y este jueves el matutino publica un segundo artículo con su firma en el que advierte cierta incompatibilidad entre la desinflación que encara el Gobierno y la reactivación económica, lo que lleva al economista al interrogante de si la administración Milei privilegiará la cuestión de los precios a costa de más recesión.
En primer término, el exN°2 de Caputo afirma que la inflación de agosto "pinta para otro 4%", con lo que se pregunta si la variación de precios continuará la marcha atrás o si quedará "estancada" en esa cifra.
Cita que el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central arroja un equivalente a un 3,7% mensual la inflación para los próximos 12 meses. Es decir, ni converge con la tasa mensual de devaluación (crawling peg de 2%), ni mucho menos tiende a 0%, como quieren en Economía.
Para Cottani "es razonable" ese comportamiento dadas las "presiones inflacionarias" por aumentos de tarifas y salarios, por un lado, y, por el otro, que "la política monetaria se ha vuelto más laxa", con el único atenuante de la morigeración y eventual eliminación del impuesto PAÍS, cuyos efectos, aclara, no son permanentes.
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Parte del último REM del BCRA.
Cottani se anticipa al argumento del Gobierno de que "el mercado se equivocó antes" y lo volverá a hacer ahora. Pero distingue que entre enero y mayo no sólo se sostuvo a rajatabla el crawling al 2%, sino que hubo una contracción monetaria más fuerte, lo que permitió un "acotado" un pase a precios de la devaluación de diciembre, pero que "sumió a la economía en una profunda recesión".
Pero en mayo Cottani identifica "un punto de inflexión": crecieron la base monetaria y el crédito privado "aceleradamente". Para que esto último ocurriera, señala, los bancos desarmaron posiciones en pases "por un monto mayor que las letras del Tesoro (LEFI y Lecap) que el Gobierno les obliga a comprar como parte del proceso de “limpieza” del balance del BCRA".
Cottani celebra como "una buena noticia para la economía real" la recuperación del crédito privado, que suma a la recomposición de salarios y jubilaciones, pero al mismo tiempo le bajó el tono a la posición oficial de que "se puede crecer con cepo".
Sostuvo que "si bien esto es parcialmente cierto, la otra cara de la moneda es que la falta de un control monetario más estricto conspira contra el objetivo de seguir bajando la inflación" sobre todo -agrega- "cuando aún existen inflación reprimida (tarifas), costos de producción a la suba (salarios) y percepción generalizada de atraso cambiario que anticipa inflación futura".
En ese contexto, sostiene, "la expansión del crédito interno al sector privado, por más que sea desde niveles muy bajos, facilita el acomodamiento de las presiones inflacionarias convirtiéndolas en permanentes o, al menos, en más persistentes que de otro modo".
Para Cottani es posible que el Gobierno no comparta esa mirada "porque, al final de cuentas, el crédito al sector privado, a diferencia del financiamiento monetario al Gobierno, estimula la oferta de bienes y servicios". Pero al mismo tiempo advierte que "no es necesariamente así" porque "el efecto de la expansión monetaria y crediticia sobre la inflación es mayor cuando ocurre en condiciones de represión financiera y el que lo fogonea es el propio Gobierno".
"Distinto sería el caso si la expansión ocurriera como consecuencia de entradas de capital voluntarias atraídas por la confianza, el sistema financiero operara sin restricciones y el tipo de cambio fuera único y libre porque, en esas condiciones, la moneda local se apreciaría y la inflación disminuiría", remarcó el exStandard and Poor's.
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Joaquín Cottani, en una imagen de 2016.
@FMediterranea
Según la mirada del exvice de Luis Caputo, "la estrategia del Gobierno ha sido domar a la inflación como condición necesaria para que la economía crezca sin prestarle demasiada atención a lo que ocurre durante la transición".
"La pregunta es si el Gobierno está dispuesto a abortar la incipiente recuperación real que estamos viendo con el objeto de evitar que la desinflación se estanque", plantea.
"Hacerlo obligaría al BCRA a aumentar la tasa de interés de referencia para que las otras tasas suban o, alternativamente, restringir la oferta de crédito al sector privado, que equivale a pedirles a los bancos que sigan financiando al Tesoro a tasas bajas. Ninguna de estas medidas es fácil de implementar porque ambas son incompatibles con el triple objetivo de facilitar la reactivación económica para mejorar la confianza, refinanciar la deuda pública lo menos onerosamente posible y preservar la salud patrimonial de los bancos", señala.
Y concluye: "Cómo el Gobierno hará para salir de esta encrucijada es un misterio que se irá develando a medida que pase el tiempo".
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