Naturalmente, el proyecto fue inicialmente apoyado por muchos de los concejales integrantes del recinto ya que se trata de un aporte a la salud de los vecinos, cuyo apoyo político no es tan difícil de brindar. Incluso miembros del oficialismo municipal expresaron su apoyo, en nombre del intendente Martín Llaryora.
Pero en los últimos días, lo que estaba muy claro se fue oscureciendo, ya que muchos comerciantes y cadenas de autoservicio elevaron reclamos al respecto. Para los supermercados, almacenes, e incluso farmacias, la cantidad de ingresos que generan las últimas góndolas apostadas camino a la salida de los mismos es muy alta, y la aprobación de ese tipo de proyecto prácticamente eliminaría el posicionamiento estratégico de los productos mencionados, que deberían pasar a estas en sus lugares habituales dentro de los pasillos.
Esto generó que varios ediles tornaran su postura en contra del proyecto de Quinteros. El argumento principal de dicho proyecto es que ese tipo de producto afectan sobre todo a la salud de los más pequeños, quienes muchas veces van a los comercios con sus padres, y ante la exhibición de estos productos se “tientan” y los terminan consumiendo.
En contrapartida a esto, quienes están en contra de esa modificación argumentaron que sería una mejor idea promover un mayor nivel de actividad física en lugar de prohibir la venta de golosinas en ese formato. Cabe destacar que ambas posturas presentaron en los últimos días las opiniones de expertos en salud y nutrición, quienes explicaron diversas partes del problema desde un abordaje social y médico.
Al respecto, la sesión del día de mañana (13/5) sería clave para el futuro del proyecto, ya que podría aprobarse en caso de que se de quórum con la cantidad de concejales a favor. Aunque, existe una fuerte presión sobre algunos miembros por parte de las grandes cadenas comerciales.
Los que siguen muy de cerca el asunto son, sobre todo, Arcor y Farmacity. Las dos marcas dependen en gran parte de este tipo de ventas, y la ordenanza municipal podría convertirse en un antecedente negativo que puede dar lugar a muchas otras regulaciones de diferente índole que apunten a reducir el consumo de productos azucarados, como la ley de etiquetado.
Por el lado de Arcor, la empresa es una de las principales fabricantes y distribuidoras de golosinas del mundo, y en Argentina. Sus productos inundan las góndolas a punto tal de que eso llevó a la expansión de su actividad sobre el mercado alimenticio.
Una sanción de ese tipo de legislación es políticamente muy significativa para la empresa, teniendo en cuenta que se daría en su propia sede. Por ello, la empresa puso a disposición sus recursos de relaciones públicas en pos de detener el avance del proyecto.
En tanto Farmacity tiene muy bien lubricado el sistema de venta de metros finales en todas sus sucursales. La cadena de farmacias tipo “americanas” ha tenido múltiples encontronazos con el municipio cordobés, que recientemente limitó la cantidad de sucursales de la empresa, que tiene planes de expansión masiva dentro de la ciudad (ya cuenta con 20 locales).
Al respecto, para los impulsores del proyecto no tiene sentido que uno tenga que atravesar un pasillo con golosinas para salir de la farmacia, cuando en realidad fue allí para comprar un producto sanitario. Además de eso, los mismos apuntan que reducir la impulsividad y el consumo excesivo de productos procesados es una responsabilidad social ante una salud comunitaria que se deteriora,
Un dato no menor es que a pesar de tener el apoyo del municipio de Llaryora, quien pertenece a Hacemos por Córdoba, desde el Gobierno provincial no ven con buenos ojos el desarrollo de un proyecto que podría impactar a la industria. Por ese motivo, el ministro de Industria, Comercio y Minería de Córdoba, Eduardo Accastello, estaría ejerciendo presión para frenar la ordenanza “anti azúcar”.
Toda esta discusión puede sentar un precedente de cara a lo que suceda con la discutida ley de etiquetado frontal. En la Cámara baja del Congreso nacional ya se debate sobre este asunto de manera activa, y el texto original ya tiene media sanción, aunque se evalúa una ley común para el Mercosur, similar a la que rige hoy en Brasil.
La ley brasileña es mucho más flexible en cuanto al etiquetado, que lo que se pretende en el proyecto argentino. Dicho proyecto propone que los productos de alto contenido de azúcar y otros componentes insalubres en consumo excesivo, expresen su composición en al menos el 5% del envase.
De este modo, quedará por verse si Córdoba resuelve reducir el azúcar en sus comercios, o si continúa de la misma manera. Lo cierto es que, más allá de las posibles maniobras legislativas que se quieren implementar, la medida más efectiva contra los hábitos insalubres es la educación al respecto, algo que no se discute actualmente.