El panorama generado asume la categoría de internismo atroz. Entonces el principal candidato presidencial —Axel Kicillof— ha ingresado en el terreno del amasijo de propios y libertarios. Lo llamativo es que los principales dardos del camporismo apuntan al desgaste, pero sin una alternativa real. Ergo: esmerilan a Kicillof sin ofrecer una superación. O si la tienen, la esconden. Porque Cristina candidata, en términos de poder real, es Macondo.
La fortaleza del gobernador bonaerense radica en que representa la expectativa progresista. No solo porque impugne la economía libertaria citándolo a Keynes, también se ha integrado a la progresía globalizada, lo que una eventual presidencia suya llevaría al PJ Nacional a encallar en las vetustas costas de la Internacional Socialista. Hoy por hoy, el discurso de Axel contiene la programática socialista en la línea de Lula y Orsi, en la región, y del abollado Pedro Sánchez en España.
Por tanto, en el PJ confrontan dos concepciones internas con proyección regional y global. Ahora bien, el camporismo no busca distanciarse de la progresía, aunque cada vez queda más rezagado respecto de Axel. Los funerales del Indio Solari mostraron a ambos sectores unidos en el duelo y divididos en el despliegue táctico.
¿Por qué el camporismo pierde casilleros en el universo progresista? Porque intuimos —tal vez erróneamente— el liderazgo de Kicillof exhibe renovación y juventud. Es lo nuevo. Mientras que, del otro lado, reivindicando con argumentos de peso el liderazgo histórico de CFK, renuncian motu proprio a la novedad, dejando el campo orégano a su rival ocasional. Es altamente probable que 'el Cuervo' Larroque le haya arrimado a Axel aquello de Arturo Jauretche: "Se triunfa con lo nuevo y no con lo viejo".
'Círculo Rojo'
Con estos elementos estamos en condiciones de avanzar en la apreciación objetiva de los hechos de la interna atroz. Axel tiene discurso, por más que provoque sarpullido en los peronistas en grave peligro de extinción. Nos referimos a quienes se ilustran en el Perón del 73 y el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional y no en la ideología de género. Esta querella ha sido saldada por la progresía, más allá de las lágrimas de cocodrilo de quienes hablan de doctrina —sin haberla leído, claro— ya que la única doctrina válida en el Peronismo de estos días es foránea: la progresía globalizada.
Esta realidad desafía a los camporistas y los obliga a salir del atolladero en el que se hallan empantanados. Sin embargo, siempre especulando honestamente y ciñéndonos al análisis político puro, pareciera que su objetivo se agota en el operativo desgaste. Alguien podría recordarles lo que un senador provincial decía en las sobremesas extensas del duhaldismo en los '90: "Si critican demasiado al caballo, después no se los compra nadie".
A pesar del internismo atroz las posibilidades de ganar en 2027 se mantienen intactas. La sociedad argentina no giró a la derecha votando a Milei que es la ultraderecha. Privilegió castigar la gestión fallida de Alberto Fernández. Pero hay una mayoría relativa que ha comprado el discurso de la progresía globalizada. ¿Y el Círculo Rojo? Cortita y al pie: su incidencia electoral es acotada. Además, siguiendo a Jorge Asís, le picó el boleto al actual inquilino de Balcarce 50. Por tanto, el PJ Nacional se encuentra en inmejorable posición para doblegar la reelección libertaria.
Alguien con legítimas dudas podría interrogarse si la izquierda progresista es confiable para los mercados y la seguridad jurídica que reclama esa abstracción con aura de divinidad: "los inversores". Esta izquierda, recordemos, no es anticapitalista. Confundir a Keynes con Marx es otro de los dislates ideológicos de los liberales a la violeta que nos gobiernan. Uno y otro le otorgan al Estado una participación regulatoria: Keynes moderada, Marx totalitaria.
Fascistas
Vale la digresión. Nuestra izquierda de cabotaje vive con la etiqueta fascista a la orden del día. Pero el fascismo implica "todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado". Acusar a Milei de fascista es una burrada difícil de empardar. Pero la progresía en general ya no es Chacho Álvarez, Beatriz Sarlo, Carlos Altamirano, David Viñas, Alicia Moreau de Justo… Son los youtubers de "masiva movilización", "multitudinario acto" y de ahí no salen. Vuelo de perdiz.
En definitiva, prevemos que la próxima campaña presidencial tendrá poco debate ideológico y mucha cháchara de propuestas elaboradas para el olvido. ¿O acaso se mantienen en agenda la destrucción del Banco Central y la dolarización?
El esfuerzo de peronistas moderados por incorporar los supuestos aciertos de Milei a una futura gestión opositora, por ejemplo, el surrealista superávit fiscal y la fantasiosa emisión cero, son snacks para el vermut del Círculo Rojo. Ocupar ese andarivel del debate es tarea vana. El que escrituró dicha parcela es Milei. Y es terreno indiviso. Por tanto, la alternativa dialéctica está bajo las luces del reñidero: la progresía globalizada, que en cultura patea con la izquierda y en economía con la derecha. Peronismo siglo 21, para la desazón de la ortodoxia que todavía diserta sobre "la comunidad organizada", repite las 20 Verdades o se hace gárgaras con El 45. Aunque duela.
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