Con los dictámenes en mano, la Cámara baja evalúa llevar los proyectos al recinto entre miércoles y jueves, o concentrar todo en una única sesión extensa. De concretarse ese esquema, Diputados daría por cumplida su tarea legislativa de diciembre y dejaría el cierre del año en manos del Senado.
El desafío en el Senado
En paralelo, el Senado comienza a ordenar su propio tablero. Este martes a las 11 está prevista una reunión de jefes de bloque en el Salón Gris, donde se buscará acordar cómo se distribuirá el trabajo durante las semanas restantes del mes, atravesadas por los feriados de Navidad y Año Nuevo.
Uno de los primeros puntos a resolver será la integración de las comisiones que deberán intervenir en los proyectos enviados desde Diputados y, especialmente, en la reforma laboral. Para ese debate, será necesario conformar Presupuesto y Hacienda y Trabajo y Previsión Social, un proceso que no está exento de controversias.
El proyecto de Modernización Laboral incluye componentes impositivos que ya generaron objeciones de la oposición, que sostiene que ese tipo de iniciativas debería iniciarse en la Cámara baja. Aunque se evaluó dividir el texto para evitar eventuales cuestionamientos judiciales, por ahora esa alternativa fue descartada.
Además, el Senado deberá constituir la Comisión de Justicia y Asuntos Penales para tratar las iniciativas penales que lleguen de Diputados, y dejar lista la de Minería, Energía y Combustibles, pensando en un futuro debate sobre la reforma de la Ley de Glaciares.
El oficialismo aspira a avanzar con el dictamen de la reforma laboral antes de Navidad, pero enfrente tendrá una estrategia dilatoria del interbloque que conduce José Mayans. Unión por la Patria insiste en realizar extensas rondas informativas con decenas de expositores, mientras que La Libertad Avanza busca acotar ese número para acelerar los tiempos. El punto intermedio que hoy se discute permitiría cerrar el trámite en comisión entre miércoles y jueves.
Aun en el mejor de los escenarios, el calendario aparece al límite. El reglamento obliga a que transcurra al menos una semana entre la firma del dictamen y el tratamiento en el recinto, lo que empuja las sesiones decisivas hacia el 29 o 30 de diciembre. Para entonces, también debería debatirse el Presupuesto 2026.
Con una agenda tan cargada y plazos tan estrechos, en el Congreso admiten que el objetivo de cerrar todos los temas antes de fin de año es ambicioso. No se descarta, por eso, que parte de las discusiones quede pendiente y deba retomarse en enero o febrero, con una nueva convocatoria a sesiones extraordinarias para completar el tablero legislativo que el Gobierno pretende ordenar en su primer tramo de gestión.
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