Pero la Presidente también hizo hincapié en un tema que no suele ser habitual en su repertorio discursivo: la inseguridad. O, mejor dicho, la seguridad. Ese fue el término utilizado por la mandataria.
La convivencia con el delito es la mayor preocupación que reflejan las encuestas. La que se mire. Tal vez en el último año los avatares de la economía le hayan disputado algo de cartel. Pero hay unanimidad sobre que la criminalidad es un flagelo que atraviesa a todos los estratos sociales.
Cristina habló de ello. Al estilo cristinista. Inclinó el plano de la discusión depositando la pelota del lado de la Justicia, blanco de la persecusión de los últimos meses. Cristina reconoció el problema, pero intentó minimizar su responsabilidad al asegurar que no es uno que "apareció como un repollo hace 3 o 4 años".
Más allá de los detalles, la Presidente estaba hablando de algo que preocupa a la gente. O al Pueblo. O al electorado.
Este año eselectoral. El gobierno se juega mucho. La Presidente advirtió que ella no impulsará modificación alguna en la Constitución Nacional. Se interpreta que tampoco intentaría ir por la re-reelección. Sin embargo no faltan quienes sostienen que de tener los votos en el Congreso la reforma intentará materializarse.
El cristinismo está atravesando un período de divorcio con los sectores medios que la apoyaron en el 2011. Los insuficiencias económicas, el cepo al dólar y visibles signos de autoritarismo crean asperezas allí donde hay que limarlas. Resultado de esto fueron las multitudinarias manifestaciones del 13S, el #8N y el #18A.
La Presidente debe reconstruir los puentes. Y mostrase interesada por la principal preocupación de los argetinos parece ser una jugada en ese sentido. No en vano, después de tantos años de reducir el flagelo a una mera "sensación", Cristina Fernández incluyó a la seguridad dentro de "la primera gran ecuación que tenemos que resolver en la Argentina". El otro componente de la metáfora matemática es la Justicia.
Lo dijo en su discurso del martes y lo retomó este miércoles a través de su cuenta en Twitter.
Cristina apuntó al "narcotráfico y a las complicidades". Se mostró cercana a lo que la gente "dice en el calle, en el barrio". Tambíen habló de la "trata de personas" y del "lavado de dinero", que en medio de las denuncias que involucran al Gobierno la sola mención tomó otro color.
Pero la Presidente intentó mostrar señales a la población. No dejó de apuntar a un presunto inflamiento del tema por parte de "voces que antes no surgían" y que acusan a "los gobiernos populares y democráticos" por el recrudecimiento de la criminalidad y la violencia, y por su poca vocación a sofocarlo.
Cristina también justificó el avance oficial sobre la Justicia en pos de lograr reducir la inseguridad. Denunció "los entramados que tenemos que derribar" y que sólo "una correcta articulación entre el Poder Judicial y Fuerzas de Seguridad" puede dar a luz un "plan bueno" para combatir el delito.
Según parece, nada puede hacerse contra la inseguridad si la Justicia no es transparente y de esa forma, también, la Presidente lleva la discusión por la reforma judicial a otro plano. Uno más cercano al día a día y a los temores de la gente. Del Pueblo. Del electorado.
¿Jugará Cristina la carta de la inseguridad en estas elecciones? ¿Se dejará seducir el electorado que la cuestiona por ignorar el problema durante años? ¿El surgimiento abrupto de la preocupación oficial por el delito podrá imponerse al de otros actores políticos que se mostraron activos en este tema durante todo el tiempo que el Gobierno no lo hizo?
La Presidente dio un 1er paso.