Consultada por un periodista sobre el mensaje que le enviaría a la oposición venezolana, Cristina respondió: "Yo no soy quién para mandar mensajes, porque al querer erigirse una en mensajero se autoasigna una importancia que no tiene".
Sobre el mismo tema, dijo que, "en todo caso, una piensa, una reflexión que una puede dar para todos los ciudadanos de Venezuela, cualquiera sea su ubicación o su militancia, es que la unidad nacional es lo más importante".
"La historia nos demuestra, no sólo a Venezuela sino a todos los pueblos de la región, a todos los pueblos de la UNASUR, del Mercosur, de la CELAC, que cuando los pueblos están desunidos terminan triunfando las minorías, y cuando triunfan las minorías, sufren las grandes mayorías", resumió la Presidente quien horas antes había asistido a la capilla ardiente para darle su adiós al líder bolivariano.
Dolorida y en silencio, la Presidente estuvo acompañada de su hija, Florencia, y de su hermana, Giselle. Habló poco con su comitiva.
Ya en la capilla ardiente, hizo una guardia de honor ante el féretro de Chávez junto con Evo Morales y Mujica.
Los ministros Héctor Timerman y Julio De Vido, junto con los secretarios Carlos Zannini (Legal y Técnica) y Alfredo Scoccimarro (Comunicación Pública), pasaron varias horas en la capilla ardiente, antes de que llegara la Presidenta.
En su comitiva también viajaron el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez; el jefe del bloque de senadores oficialistas, Miguel Ángel Pichetto; el diputado camporista Andrés Larroque, y el legislador porteño Juan Cabandié.
La Presidenta, según se especula, se quedaría en Caracas por lo menos hasta mañana a la mañana, cuando habrá una ceremonia más íntima para despedir a Chávez con la participación de los jefes de Estado.
El venezolano fue el mandatario extranjero que permaneció más tiempo en Buenos Aires luego de la muerte de Néstor Kirchner, acompañando a Cristina durante los funerales del ex jefe del Estado.