"Temo por mi integridad física, ya que en reiteradas ocasiones, cuando aún mantenía relación de compañerismo, Galarza me mencionó la intención de atentar contra la humanidad de Bordeira -ex funcionaria investigada por narcotráfico y que denunció que le pusieron lavandina para intoxicarla-. Que iba a ahorcarla con una toalla una de esas noches, y que tenía varias alternativas para terminar con su vida, pero temo por sobre todas las cosas, que la interna se autolesione, ya que en más de una oportunidad mencionó su intención de golpearse por consejo de su padre, y responsabilizar a Bordeira, ya que habían tomado conocimiento de la denuncia en su contra", dijo Soto.
La policía, además, agregó que su pareja recibió llamadas intimidatorias del padre de Galarza. "Al día siguiente, mi pareja realiza el llamado a la madre, atendiendo la mencionada a quien le consultó por qué realizó una denuncia en contra de quien suscribe y ella manifiesta claramente que la situación escapaba de sus manos, le pide perdón entre lágrimas, en nombre de su hija", describió la mujer en su escrito.
Sin embargo, el mayor temor de Soto es convertirse "en un instrumento para lograr sus objetivos".
"Me comentó que se encontraba arrepentida de no haber sido alojada en la unidad penal de Gualeguaychú, y solía decirme que en esta unidad penal (por la de Paraná) era difícil escaparse, que ella, de no revertirse su condena, no permanecería 35 años y que lo tenía conversado con su padre. Temo ser herramienta de su propósito", detalló.
"Jamás fui grosera o desubicada y hoy me encuentro en semejante situación humillante. Es por ello, entre otras tantas cosas que podría mencionar, solicito que ante la imposibilidad de las autoridades de poder garantizar las medidas de seguridad, el cambio de pabellón", concluyó.