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El PJ, dividido en Córdoba.
Si bien las diferencias se pronuncian aún más en tiempo de campaña y con la mala imagen que carga la gestión nacional, las mismas tienen origen mucho tiempo atrás. Desde la época en la que José Manuel de la Sota gobernaba la provincia, la relación entre Nación y Córdoba ha sido tirante, hasta que se produjo la fractura el 3 de diciembre de 2013, con el acuartelamiento policial.
Desde entonces, Córdoba apeló al modelo de “isla” que hace un tiempo usa electoralmente. Y vaya que le funciona, ya que en su más reciente competencia nacional obtuvo el segundo lugar y relegó al Frente de Todos a un lejano tercer puesto.
En ese orden, es que el despegue del PJ cordobés del Frente de Todos resulta imprescindible para crecer de cara a noviembre. “No hay posibilidad de reunificación del voto peronista en Córdoba, porque eso es como mezclar agua con aceite: tenemos una mirada de Córdoba y del país que no compartimos”, aseguró Gutiérrez.
Por el momento se mantienen las formas para no dañar la institucionalidad de dos gestiones en función. Pero la pregunta que se abre es al respecto de la resistencia de los actores sin volverse agresivos.
La realidad indica que el Gobierno nacional parece no tener capacidad de respuesta ya que cualquier tipo de agresividad contra Córdoba generaría un efecto naturalmente contraproducente. Aunque desde el Centro Cívico cordobés deberían tener en cuenta que aún quedan dos años más de gestión conjunta y que no es bueno convivir con alguien que no tiene que perder, en lo que puede transformarse el Gobierno nacional ante una eventual derrota de similares características en noviembre.