La planera: Esa realidad incómoda del desempleo en mujeres
Mariana Alfonzo, recordada como la planera en varios medios, fue un rostro visible de una realidad en torno a los programas sociales, un personaje que se jactaba de vivir sin hacer nada y subsistir únicamente con la asistencia del estado.
Pero si se pone la lupa sólo en el Plan Potenciar Trabajo, los datos arrojan que 1,3 millones de personas son beneficiarias mujeres. De éstas participantes (y esto nada más durante el 2021) sólo 15.583 consiguieron un empleo formal. Hay en esa gran cantidad de argentinos muchas personas que quieren y buscan un empleo, pero también muchas Marianas que se preguntan el para qué.
¿Qué pasa con la dignidad, con las ganas de progresar, con las ambiciones personales? Es claro que sin capacitación es imposible visualizar una vida diferente a la de vivir del estado, pero también es claro que hace mucho tiempo que el trabajo y el esfuerzo se desvalorizaron como herramientas de movilidad social y progreso.
Sin ir más lejos y para seguir con el mismo ejemplo, Mariana recibió una propuesta laboral que rechazó ya que el Estado siempre fue para ella el mejor proveedor, pero el comienzo los planes sociales para paliar las crisis de distintos colores iniciaron con la caja de pan de Raúl Alfonsín, fue seguido por el Programa Trabajar de Menem de 1996 y finalmente, el Plan Barrios Bonaerenses de Eduardo Duhalde inseminando la semilla del plan social.
Era posible vivir en Argentina sin un empleo, también era necesario para estos líderes frenar y paliar las necesidades de dichos momentos, pero esa cura temporal hizo metástasis y se diseminó por todos los rincones del país. Nacieron planes para los jóvenes, los adultos, los desempleados, los hijos.
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Tantos son que el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales determina que existen 182 programas sociales vigentes. En esa inmensidad de ayuda social, que fue creciendo indefinidamente con los años sin rumbo fijo, nacieron varias generaciones quienes, lejos de escuchar que el trabajo era dignidad, entendieron que el Estado era una suerte de Papá Noel populista que regalaba a todo aquél que pisara suelo argentino con la etiqueta de vulnerable.
¿A cambio de qué? Del voto y de la supuesta paz social, discursos que son alimentados hasta el día de hoy, pero ante números que son inviables en el sentido material, la narrativa flaquea: Aparecen circunstancias como el llamado Puente al Empleo, que buscarán enmendar de algún modo a generaciones enteras que, sin eufemismos de por medio, literalmente no conocen lo que es agarrar una pala o levantar una pared.
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Algo que es un hecho y no un relato, es que los índices de asistencia son demasiados grandes, porque de acuerdo a la revista Forbes hay 22 millones de ciudadanos argentinos que son poseen algún tipo de programa social del Estado, pero Papá Noel ya no tiene tanto presupuesto para tantos regalos.
Comienzan a surgir historias como las del documental “Mujeres que construyen” que recorre los caminos de Rocío Benítez (Posadas) y Verónica Vargas (Chaco), dos mujeres que a través de oficios históricamente masculinizados, se convirtieron en motores de cambio dentro de su comunidad.
El cortometraje recibió una mención especial en el Festival Lapacho de Chaco, fue seleccionado para proyectarse durante el Festival de Cine Rural (Corrientes), recibiendo una mención de honor en la plataforma CINE.AR, pero aún en torno a esto, las protagonistas viajaron a formarse a Buenos Aires en construcción en seco y luego se convirtieron en formadoras en sus localidades, un ejemplo visible de que el trabajo puede volver a ser sinónimo de movilidad social, con las mujeres al volante y sin tanta parafernalia estatal en el medio.
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