El fiscal Carlos Stornelli fue quien tuvo a cargo la investigación de la causa, a partir de una denuncia anónima del año 2014 sobre la distribución y venta de droga en el interior de "La 21".
En ese llamado, el denunciante mencionó a tres mujeres que operaban en una vivienda del pasillo 17 de la villa. Las primeras tareas de inteligencia aportaron los apodos de "Pelé" y "Paki", encargados del menudeo.
Se realizó un allanamiento en la casa 82, manzana 1: La policía secuestró 807 cilindros que contenían cocaína y 12 trozos compactos de la misma sustancia. Juan Domingo Villar, un marplatense de 72 años, que hoy cumple arresto domiciliario en una casa de Villa Fiorito, Lomas de Zamora, fue señaldo como el cabecilla de la organización.
Villar ya había cumplido una condena de 4 años y medio, dictada por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Bahía Blanca, el 26 de marzo de 2010, por ser descubierto a mediados de 2009 mientras transportaba drogas.
Allanamientos, escuchas telefónicas y pruebas policiales formaron parte de la investigación, en la que se resolvió que en la Villa 21-24 funcionaban dos bandas diferenciadas.
Villar estaba vinculado "con un grupo de personas dedicadas a la comercialización de drogas y precursores químicos en cantidades considerables, distribuidos en distintos puntos del país", según el fallo.
"Amén de ello se advirtió la existencia de al menos dos organizaciones, de las que no se pudo demostrar fehacientemente el vínculo entre sí, pero con niveles y circunstancias comunes en cuanto a sus estructuras, más allá de la relación personal que pudieran haber llegado a tener cada uno de sus integrantes", sostuvo el juez José Valentín Martínez Sobrino.
El ala que conducía Villar se encargaba de enviar los narcóticos hacia el sur junto a otras 15 personas que prestaban colaboración en la logística, movilización, traslado y acondicionamiento, siempre respetando jerarquías. Entre ellos también figura Esteban Francisco Villar, hijo de Juan Domingo, a quien se culpó por la entrega de cocaína en Mar del Plata.
Carlos Rubén Oroño y Juan Carlos Vargas (ahora condenados) se encargaban de obtener la droga para su elaboración o para que Villar efectúe el acondicionamiento, guarda y la comercialización, como así la intermediación.
La segunda organización era la que traía marihuana procediente de Paraguay, a través del río Paraná hasta Corientes, donde luego era trasportada hasta Buenos Aires.