Argentina no es ajena a este fenómeno. Según estadísticas regionales, es el tercer país de América Latina con más ciberataques, detrás de Brasil y México. En abril de 2024 ya se había producido un caso similar con la base de datos del RENAPER, lo que expuso información de miles de ciudadanos, incluidos sus DNI, huellas digitales y fotografías.
¿Qué medidas tomó el Gobierno ante esta ola de hackeos?
A raíz de la creciente ola de incidentes, el Gobierno Nacional impulsó a comienzos de 2025 el Programa de Fortalecimiento en Ciberseguridad e Investigación del Ciberdelito (ForCIC), a través de la Resolución 19/2025 firmada por la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Este programa tiene como eje prevenir e investigar delitos informáticos complejos, que incluyen fraudes digitales, violación a la privacidad, sabotajes a infraestructuras críticas y distribución de contenido ilegal.
Desde el Ejecutivo advierten que detrás de estos ataques operan organizaciones criminales transnacionales que buscan réditos económicos mediante la vulneración de sistemas públicos, privados e incluso estructuras del Estado.
Sin embargo, los expertos coinciden, reforzar la ciberseguridad no es sólo una recomendación, sino una necesidad urgente.
¿Qué rol juega Mi Argentina en las fallas de ciberseguridad?
La plataforma Mi Argentina ha estado en la mira en más de una ocasión. En diciembre de 2024 sufrió un defacement —ataque que modifica la apariencia de un sitio web—, y en junio de 2025, el Gobierno detectó que datos de 12.976 usuarios fueron robados y ofrecidos en foros de ciberdelincuencia.
Aunque las autoridades aseguran que no se vulneró la base oficial, sí se accedió de manera ilegal a dispositivos de usuarios, principalmente personas mayores, lo que facilitó la obtención de datos como DNI, domicilio, nacionalidad, código postal y correo electrónico.
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El problema radica en que, a diferencia de las apps bancarias, Mi Argentina centraliza información de toda la población, lo que termina convirtiéndola en un blanco ideal para robos de identidad a gran escala. Por eso, aunque los ataques financieros son más frecuentes en bancos y billeteras virtuales, las vulneraciones a plataformas estatales tienen consecuencias más masivas.
Facundo Balmaceda, especialista en ciberseguridad de SONDA Argentina, remarcó:
“Mi Argentina enfrenta riesgos menos frecuentes, pero con potencial de impacto masivo. Su exposición a robos de identidad es mayor, mientras que las apps financieras suelen ser blanco de ataques más dirigidos, con impacto económico directo”.
¿Cómo puede mejorarse la ciberseguridad del Estado siguiendo el ejemplo del sector bancario?
El sector financiero cuenta con normativas avanzadas y medidas estrictas para prevenir incidentes de ciberseguridad. Según Balmaceda, hay ocho prácticas que el Estado podría replicar para blindar sus sistemas:
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Marco de Referencia y Estrategia de Ciberseguridad: como exige el BCRA, establecer políticas para identificar, gestionar y mitigar riesgos.
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Autenticación Robusta: implementar doble factor de autenticación (MFA), combinando contraseñas, biometría y tokens.
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Monitoreo en Tiempo Real: contar con centros de operaciones de seguridad (SOC) para detectar y responder a incidentes de inmediato.
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Cifrado y Protección de Datos: cifrar la información tanto en tránsito como en reposo, utilizando firewalls avanzados y sistemas anti-intrusión.
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Capacitación y Concientización: promover la formación constante del personal y campañas para prevenir fraudes como phishing.
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Gestión de Proveedores: exigir a terceros altos estándares de seguridad.
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Ciber Resiliencia y Recuperación: tener planes de continuidad y simulacros para garantizar la operatividad tras un ataque.
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Cumplimiento Normativo: alinearse a regulaciones nacionales e internacionales como las del NIST.
Estas prácticas no sólo fortalecen las defensas, sino que también generan confianza en los usuarios, cada vez más expuestos a fraudes por phishing y suplantación de identidad.
¿Qué tecnologías pueden ayudar a prevenir futuros hackeos?
Hoy, tecnologías como la inteligencia artificial (IA) juegan un rol central en la protección de sistemas críticos. Permiten detectar patrones inusuales en tiempo real, identificar accesos sospechosos y bloquear ataques antes de que causen daño.
“La IA potencia los sistemas de detección de fraudes al analizar grandes volúmenes de datos, identificar patrones y adaptarse dinámicamente a nuevas amenazas”, explicó Balmaceda. Por ejemplo, podría alertar si un usuario descarga múltiples documentos en poco tiempo o accede fuera de sus horarios habituales.
Además, herramientas como Web Application Firewalls (WAF), Sistemas de Detección de Intrusos (IDS/IPS) y Gestión de Identidad y Acceso (IAM) se vuelven imprescindibles para proteger plataformas sensibles como Mi Argentina.
¿Cuál es el impacto de estos hackeos en la ciberseguridad nacional?
Las consecuencias son múltiples. Por un lado, la pérdida de confianza ciudadana en las plataformas estatales; por otro, los riesgos concretos de suplantación de identidad y fraudes asociados. A esto se suma que el Estado Nacional destina menos del 1% de su presupuesto a ciberseguridad, lo que evidencia la urgencia de reforzar inversiones.
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