A nivel local, Juan Schiaretti y su candidato, Martín Llaryora se encargaron de borrar los límites partidarios mediante la inclusión de dirigentes del PRO y el radicalismo a la nueva coalición que intentará gobernar Córdoba nuevamente. De hecho, el caso más resonante fue el del ex presidente del PRO en la provincia, Javier Pretto, quien ahora es candidato a vice intendente del PJ.
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Martín Llaryora bajo carteles del PRO.
Precisamente ese traspaso no fue condenado por Larreta, lo que elevó las alarmas en el arco de la ex ministra de Seguridad de la Nación. Según el jefe de Gobierno, lo de Pretto fue “un caso aislado”.
En el plano nacional, Juan Schiaretti parece dispuesto a invertir la misma estrategia, con intenciones de sumarse a un espacio que abarque muchas banderas (en la provincia, él sumó gente a su espacio). Algo que genera desconcierto en el ala más dura del PRO actualmente.
La lectura bullrichista se basa en las posibilidades de un tándem Larreta-Schiaretti que, a priori, parece lejano pero no imposible. Desde ese arco, entienden que la movida de Schiaretti pretende oficiar de catapulta para el cordobés y blindaje a su candidato Llaryora, mientras genera la oferta de un “plan b” contundente para Larreta en caso de quedar en tensión total con la ex ministra de Seguridad.
Así las cosas, el gobernador de Córdoba apareció en los últimos días como un factor inesperado de discordia, al que el larretismo desestima y al que el bullrichismo comenzó a medir con cautela. Algo similar a lo que sucedió con la inclusión de José Luis Espert, que desató la furia de la ex funcionaria.
Aunque, claro, en ese caso se sucedió el enojo por tratarse de un "pianta voto" liberal. En el caso de Schiaretti, la amenaza no se posa sobre los potenciales votantes de Bullrich, sino sobre su pertenencia a la propuesta opositora que encierre a Larreta.
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